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February 05

MIS 10000 KMS A SANTIAGO




Prólogo

Dedicatoria
A Nelly mi esposa, a mis hijos, y a los que me ayudaron a preparar y realizar este sueño.





Comenzaré relatando como empecé a preparar este viaje, y como fue que se me ocurrió.

Por el mes de septiembre del año 2001 y mi viaje a Galicia junto a mi esposa Nelly, debido a la gran depresión que sufría nuestro país, visitamos Galicia con intenciones de poder afincarnos y comenzar otra vida.
Pisar esta tierra gallega fue muy conmovedor, pues conocimos parientes tan cercanos que ni sabíamos que teníamos y pudimos ver de primera mano, ciudades tan hermosas como Redondela, lugar donde vive la madrina de Nelly, Ponteareas cuna del maestro Reveriano Soutullo Otero, tío-abuelo de Nelly, Vigo muy parecida a Mar del Plata y llena de primos hermanos y por supuesto no podía faltar Santiago de Compostela.
Admiramos esa hermosa Catedral y nos extasiamos con todo lo que en ella se encuentra, nos deslumbramos con el majestuoso altar y nos sorprendimos al ver el botafumeiro, hicimos la cola para hacer el rito de poner la mano y chocar la cabeza tres veces y por último nos sobrecogimos al visitar la sala donde descansan los restos del Apóstol.
Nos llamó la atención como grupos de personas portando mochilas y bastones, se reunían en la Plaza del Obradoiro, luego supimos que eran peregrinos, que hacían no se que camino, y como desconocíamos de que se trataba el tema, no le dimos mayor importancia, simplemente éramos turistas y entre otras cosas, habíamos venido a pasear.
Hasta ahí nada más, me olvidé del tema.

De regreso a nuestro país, las cosas empeoraron, hubo una fuerte devaluación monetaria, que nos impidió viajar, pero que al final, nos permitió poner todo nuestro esfuerzo en lo que sabíamos hacer para poder salir adelante. Hubo elecciones, se cambió de presidente y las cosas mejoraron y mucho.

Dicen que uno no busca a Santiago, sino que es totalmente al revés, es Santiago el que te encuentra, y así fue, no comentaré como empezó esta idea, pues ni yo mismo lo sé, ni cuando fue. Tiene que haber existido un primer pensamiento, que desencadenó diez, cien, miles de pensamientos, para que tomara esta decisión. Solo diré que hace más de un año que prendió en mí el tema y comencé a investigar por internet y a buscar páginas web que hablaran de ello.
Al principio me resultaba extraño, no entendía bien de que se trataba, no se salía de un solo lugar, peregrinación con mucha gente al mismo tiempo tampoco era, caminar tanto para que?, debo decir que me pareció extraño, pero al mismo tiempo, algo tenía que tener, pues la gente hablaba mucho y bien. Eso me motivó más aún.
Así llegué al foro de El Camino de Santiago y lo que ocurrió fue grandioso,..recibí el apoyo más grande que se pueda imaginar y estuve "conversando" con gente que es experta peregrina, que lo han caminado más de una vez y que conocen del camino como nadie, y que me brindaron todo su apoyo, me alentaron y me "presionaron" para que lo haga, pues me dicen que esa experiencia cambiará mi vida, y que a la vuelta pensaría de manera distinta y vería la vida de otro modo.

Los primeros tiempos era un poco escéptico, pues había o existía algo así?, sería cierto todo lo que me decían?.
Transcurridos los días, comencé a recibir mensajes con experiencias de peregrinos que conmovieron y movilizaron mi espíritu, relatos tan emotivos que me hacían sollozar, y sentado frente a la computadora y mientras trabajaba, tenía que disimular mis lágrimas, cuando algún empleado me requería.

Pasados los meses, y ya seguro de lo que se trataba, le pude confiar a Nelly y a mis hijos lo que pensaba hacer, y no sin algo de extrañes, el apoyo fue inmediato, sobre todo mi hijo Pitu, que le parecía una aventura apasionante.
A los amigos y conocidos, les explico lo poco que sé del tema, de que se trata y que es lo que pienso hacer, y algunos me tildan de loco y otros, no muy convencidos, hablan que puede ser una prueba muy linda, pero todos en definitiva me apoyan, y me alientan.
También no puedo evitar tener dudas, lo cierto es que es un desafío y una competencia que tendré contra mí mismo, y de conocer mis debilidades y mis límites, conversar conmigo, solo, a solas y eso me atrae y un poco también me asusta, pues seguramente afloraran mis miserias, que tendré que modificar, y... justamente de eso se trata, pues estoy dispuesto a tener otra manera de vivir.

También debo decir que no soy devoto del Apóstol Santiago, pues en Argentina somos casi todos fieles a la Virgen de Lujan, de hecho me comprometí en matrimonio en esa Basílica, y a mi hija Vanesa, la hemos bautizado allí.
También tengo bastante apego a Don Orione, un cura santo, cuya convicción era "solo la caridad, salvará al mundo" y le sé dar las gracias bastante seguido y le pido por todos mis afectos, como también venero a San Cayetano que siempre le doy las gracias por el trabajo que tenemos, pero del Apostol Santiago, hasta ahora no me había casi ni fijado en él.



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Los motivos


Los motivos del viaje son todos y son ningunos.

Por una promesa?: no recuerdo haber hecho promesa alguna, o pedido algún favor

Para pedirle algo en especial?: Pedir algo?,... si hay dos importantes y únicamente la sabe mi esposa, y además por todos... seguro que pediré por todos.

Para agradecerle de algo?: Seguro que si, hay mucho para agradecer.
Seguramente agradeceré la vida que estoy viviendo junto a mi familia y amigos, y pediré por el buen futuro de todos ellos. Porque se hagan realidad sus ilusiones, sus necesidades. Seguro que sí.

Pero el motivo principal de este camino es que, debo confesar que soy una persona que me doy cuenta que hay algunos valores que me faltan mejorar y sobre todo con mi familia y mis hijos, pues pienso que les puedo brindar cosas mejores, sobre todo en afectos.

De mi esposa que decir, que es la mujer que elegí, que es la otra mitad de mi vida, que la amo con todo mi corazón, y que desde un principio me apoya, me alienta y se siente contenta con lo que me pasa, por eso ella es el doble de mejor como persona que yo, y esa es otra de las razones y es lo que estoy buscando al hacer el camino, en mejorarme. Y de mis hijos, también que puedo decir, que son los tres la luz de mis ojos y que deseo tenerlos reunidos en casa para siempre.



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Entrenamiento


Al tener más o menos en claro, la fecha de partida, comencé a tratar de entrenar, alrededor de noviembre de 2005, iniciando unas caminatas por las costas de Mar del Plata, acompañado en muchos casos por Nelly y por mi hija Vanesa.
Hacíamos alrededor de 5 ó 6 Km. día por medio, y disfrutábamos del clima tan bueno que por esas fechas hay en nuestras costas.
Luego de tanta marcha, parábamos en alguna confitería de la costa, y nos deleitábamos con un café y alguna media luna (croissant) y charlábamos del tema.

Ya llegado el verano, me inscribí en un gimnasio cercano, e inicié una rutina un poco más severa, tratando de fortificar mi parte aeróbica, brazos y sobre todo piernas, y tratando de llevar un régimen de comidas un poco más sano.
Hacía 45 minutos de cinta, caminando a ritmo forzado, e intercalando trote y corridas cada 3 minutos, llegando a hacer 7/8 Km. cada día por medio.
Luego pasaba a los aparatos de pesas y fortalecía las piernas y los brazos con complementos ideales durante 1 ½ hora más.
Pasados los días, el ritmo iba en aumento, y las pesas iban creciendo en peso y me daba cuenta que mi físico iba cambiando lentamente y que de a poco notaba como mis músculos se hacían más fuertes y que mi peso mejoraba notablemente.

Mientras tanto hacía las respectivas consultas con el foro y preguntaba como un pesado y novato que soy, como llenar la mochila, que medias usar, si para mayo el tiempo que iba a hacer, etc. etc. Y esos tipos tan gentiles y amables, que hasta hoy no conozco, pero que seguro encontraré, se portaron de mil maravillas, respondieron todas mis preguntas y me aconsejaron que hacer, pues todos ellos, hicieron el camino más de una vez y son súper experimentados.
Comencé a preparar también mi equipo, compré unas zapatillas Salomón muy acolchadas, adquirí unas medias sin costura, mi hijo me acompaño a comprar una mochila de 42 litros, que es estupenda y anoté en mi computadora todo lo que me aconsejaron que llevara y lo que no tenía que llevar.
Le encargué Nelly unas camisas de Suplex con respiración y unos pantalones desmontables de microfibra, que a pesar de tener mucho trabajo pienso que en esta semana me las hará, con el diseño tan claro que ella tiene.
Hoy pasé por un artesano, y encargué un bordón de caña colihue, que es una caña que crece en nuestra Patagonia, y tiene la particularidad de medir hasta 8 metros de altura, y son livianas, resistentes y macizas y se usan comúnmente en la elaboración de muebles y bastones.
También con respecto a la ropa, ya tengo en claro que llevar, y estoy preparando unos pantalones desmontables y unas remeras que en unos días las tendré.



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Planificación


En Argentina, poco o nada se conoce de esa peregrinación a Santiago, por lo que mi investigación se basó solamente en contactos por Internet.
Luego de buscar por todos lados, me encontré con un foro que es lo máximo de bueno.
Son todos peregrinos con alto grado de experiencia y que han hecho el camino más de una vez, y que han hecho también un modo de vida, pues solamente piensan en ello.
A medida que pasaban los días, hacía las respectivas consultas con el foro y preguntaba como un pesado y novato que soy, como llenar la mochila, que medias usar, si para mayo el tiempo que iba a hacer, etc. etc. Y esos tipos tan gentiles y amables, que hasta hoy no conozco, pero que seguro encontraré, se portaron de mil maravillas, respondieron todas mis preguntas y me aconsejaron que hacer.

Además, por más que te pongas pesado con las preguntas, ellos siempre están dispuestos a ayudarte, así que soy fanático integrante del foro Camino de Santiago, dirigido por el maestro Josechu, a tal punto que si Dios quiere, conoceré a alguno de sus integrantes, y seguramente haremos alguna etapa juntos, es lo que me han prometido, veremos.
Mientras tanto, me pusieron el apodo de Eduardo... el transoceánico, nombre que llevaré por siempre.

Como decía, tengo todo casi planeado, como me gusta hacer las cosas a mí.
Las etapas me las pasó Aldebarán otro integrante, gallego él, de A Coruña y simpatizante del Depor,(algún defecto tenía que tener)) y los consejos, de cómo armar la mochila, de que llevar puesto y todo lo demás fueron obra de Caracol, Josechu, Seis y Siete, Duracell, Peregrino Gato, Alec, Triskel, Gle, Guenguenur, Jdelariera, Cecilio Maestro, y tantos otros que si me olvido de alguno sepan perdonarme.
Con todo eso resuelto, pues tengo todo agendado, ya sean las etapas, los albergues y los lugares que tendré que pasar y conocer, me fui a sacar los pasajes acompañado por mi esposa.

La fecha elegida fue el 29 de abril, pues con el trabajo, tenía casi todo resuelto, pues me daba tiempo a dejar las cosas más o menos arregladas.
A nuestros clientes, les podía entregar todos los pedidos, entonces me podía ir un poco más tranquilo, a pesar que Nelly maneja la fábrica al dedillo, en ese sentido, no tengo ningún miedo, ni problemas. Es nuestra fábrica y queda en perfectas manos, al contrario mejor que en las mías.
Con el pasaje en la mano, la emoción que me embargó fue tremenda, a mí que me cuesta poco lagrimear, fue como que se me hacía realidad el sueño.
Así que ahora a esperar la fecha de la partida, que se me va a hacer larga pues faltan como 60 días.
Hoy 6 de marzo me entregaron el bordón, lustrado y grabado como quería, sinceramente quedó hermoso, y ahora solo resta adornarlo con las cintas argentina y la vieira. Ya me imaginaba caminando con el y subiendo a O'Cebreiro.

Hoy 1 de Abril, retomo el relato.
He abandonado el entrenamiento, un poco porque tuve una gastroenteritis que me dejo bastante débil, y otro poco porque tenemos mucho trabajo en la fábrica, pero el lunes comienzo de nuevo, a darle fuerte hasta fin de mes.
Poco tengo para contar, salvo que me hice hacer un cuaderno, una especie de diario, muy artesanal y bonito, en donde anotaré todo lo que me suceda.

Hoy 3 de Abril, he decidido hacer una caminata para probarme como estoy físicamente, y he invitado a Nelly a que me acompañara hasta Miramar, ciudad próxima a Mar del Plata, sobre la costa y a unos que 40 kms.
Salimos domingo, a las 8.45 hs, equipado como para el viaje, es decir con la mochila cargada, que pesaría unos 6/7 kgs.
La mañana era hermosa, con una temperatura muy agradable y a buen ritmo nos largamos hacia la costa.
Bordeamos toda Punta Mogotes, pasamos por Waikiki y nos encaminamos hasta los acantilados. Al llegar al cruce del camino viejo a Miramar, nos detuvimos a almorzar unos 35 minutos, y nos comimos una ensaladita, un chori, y una Quilmes, para no perder la costumbre.
Eso de parar, es contraproducente, pues nos enfriamos y luego nos costó muchísimo reanudar y tomar el ritmo.
Paramos a descansar y cambiarnos las medias y ponernos vaselina en los pies para no tener ampollas, y la verdad que nos dio un resultado fantástico.
A pesar del buen ritmo, y luego de 7 horas de caminar, y siendo las 16.30 hs. Llegamos hasta Chapadmalal, y calculamos que nos faltaban unos 14 kms. más y que llegaríamos de noche, por lo que decidimos abandonar. Caminamos 32 kms., muy bien, cansados pero enteros. Nos volvimos en el micro hasta casita.

Faltan dos días para partir, y a pesar que tengo todo planeado y todo lo que llevaré, pienso que me falta o me olvido de algo.
Preparo la mochila, sin olvidarme nada, y logré que pese 7 kilos, una alegría pues pienso que es fundamental a la hora de caminar.
El bordón ya lo tengo bien envuelto y con un gran cartel de FRAGIL, para que me lo cuiden bien.

El entrenamiento siguió durante casi todo el mes, haciendo bastantes kilómetros, forzando los pies, tratando que se me acostumbraran al esfuerzo
que iban a tener, y buscando recursos para evitar ampollas, esa era una de mis premisas, que si tenía los pies en condiciones, no iba a tener inconvenientes de llegar a Santiago.

Viernes 28 de abril
Terminé con los últimos retoques en el trabajo, bancos, mensajes, recomendaciones a los empleados y saludos a mis amigos, con cena de despedida incluida.



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Mar del Plata - Buenos Aires


Sábado 29 de abril
No pude pegar un ojo en toda la noche, me levanté y me duché muy temprano, preparé el mate y volví a la cama a tomarlo junto a Nelly.
Fue una mañana a puro nervio y llegada la hora, no quedaba más que ir hasta el aeropuerto de Mar del Plata. Me acompañaron Nelly y Vane, despaché todo y la hora de la despedida fue tremenda,... abrazos, besos, lágrimas a más no poder, Vane que me decía papi te quiero mucho, y Nelly dándome consejos que me cuidara. En un abrazo interminable entre los tres, subí al avión que me llevaría hasta Buenos Aires, las salude desde la ventanilla, pues estaban ubicadas en la confitería del aeropuerto, pues desde allí se ve perfectamente la pista, me perdí entre las nubes.

El trasbordo de un avión a otro demoraría unas horas, así que tuve tiempo de llamar a mi padre y compartir una comida con el.
Llegue al Aeropuerto de Ezeiza de noche, y todo estaba en horario, despache todo bien temprano, y pronto partiría hacia Madrid.
Antes de partir, recibo un mensaje de texto que decía, TE AMO, de nuevo las lágrimas.



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MIS 10000 KMS. A SANTIAGO (parte 2)



 

Buenos Aires - Madrid


Domingo 30 de abril
2.30 HS subo a un 747 de Aerolíneas Argentina, ventanilla de salida de emergencia, buen comienzo, joya total, viajaré bien estirado.
El viaje fue espléndido, tardo una hora menos de lo pactado, o sea 10 hs., y llegué a Barajas en la mañana del día 30 de Abril, allí me esperaban unos primos de Nelly, y luego me enteré que me había ido a buscar Josechu, y no me reconoció o no pudo ubicarme lamentablemente.
Instalado en Chamartin, los llamados de mis amigos del foro no tenían fin, Gle, Guenguenur, 6y7 todos quería desearme buen camino, yo estaba sorprendido por semejante recibimiento.

Al día siguiente 1 de Mayo, Madrid estaba desierta por el día festivo del trabajo, nos llamamos por teléfono y nos encontramos con Guen, a la salida de una estación de subte, lo vi desde lejos, y esa cabellera me indicó que no me podía equivocar.
Nos saludamos efusivamente, le agradecí su molestia y caminamos unas calles en busca de un café.
Nos metimos por unas callesitas y encontramos un lugar que a esa hora estaba completamente vacío, entre charla y café, me sorprendió con la entrega de la Credencial del Peregrino, con el primer sello puesto, gran gesto que no olvidaré.
Luego de un buen rato, nos despedimos no sin antes darme unos consejos y desearme buen camino.

Aproveché el resto del día para recorrer Madrid, por la noche ir de tapas y tomarme todo el vino que pudiera. Me acosté a las 23 hs. Me esperaba una noche de insomnio.



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Madrid - Burgos - Hornillos del Camino


Día 2 de mayo
Etapa muy tranquila de 18.8 kms.

Me desperté a las 7 hs. en el departamento de una prima de Nelly, en donde tan atentamente pasé las dos noches de Madrid, y el olorcito a café con leche, que había preparado, me hizo saltar de la cama.

El tren salía a las 10, desde Chamartin hasta Burgos, y en el andén ya había visto a varios peregrinos dispuestos a viajar. Nos mirábamos con cara de cómplices y nos hacíamos señas nerviosas con la cabeza. Fueron 3 horas de buen viaje, en un tren muy cómodo, y con poca gente. Sentado en mi ventanilla, imaginaba observando el paisaje, como sería mi camino. Comí unos bocadillos en el bar del tren, a precios de restaurante, y entablé una pequeña conversación con el empleado, que bastante parco, apenas me respondía, casi cuando llegaba a destino.

Al bajar, estaba perdido como perro en cancha de bochas, no sabía para donde ir, y nervioso y apurado buscaba mi primera flecha amarilla, que no podía encontrar.
Vi a dos mujeres con sus mochilas dirigirse hacía algún lado, y las seguí, y pensé que sabrían lo que hacían.
A las pocas calles divisé la cúpula de la Catedral de Burgos, y me tranquilicé, dirigiéndome hacia allí, ingresé y luego de obtener el sello, pregunté para donde tenía que partir, y me señalaron,!!! para allá¡¡¡¡

Antes de partir, me interné por unas callesitas y admiré un par de plazas hermosas, y luego de dar un par de vueltas, desemboqué a la orilla del río.
Lo crucé por un viejo puente que estaba en reparaciones y caminé cerca de 1 km. hacia el centro, cuando una amable señora mayor, en un semáforo me preguntó si estaba haciendo el camino, yo muy extrañado y a la vez contento por haberme reconocido como peregrino le contesté que si, y me dijo: PUES ESTÁS EQUIVOCANDO EL CAMINO HIJO, QUE ES EXACTAMENTE PARA EL OTRO LADO, TE LO DIGO YO, PORQUE FUI A SANTIAGO.

Por lo tanto, tragando mi vergüenza, volví sobre mis pies y tengo 1 km. de más en mi camino.
La salida de Burgos es por asfalto, y es bastante agradable, saqué mi primera foto en un mojón muy lindo que marca SANTIAGO 532 KM.
Luego entré en el albergue de El Parral, tomé un poco de agua, selle mi credencial, y como era muy temprano y además como no tenía buenas referencias de este lugar y como estaba con la adrenalina que se me salía de las orejas, decidí continuar. En lugar de tomar la carretera, salí por el mismo parque, rodeado de frondosos y añejos árboles.

Se deja el asfalto y se transita por una senda con bastante polvo, a lo lejos se divisa un cárcel, y hago mi primera parada bajo el puente de una autopista en la ribera del río Arlanzón.
Lo que había a mi alrededor, hablando de paisaje, no era muy alentador, paso por Villalbilla y luego de transitar nuevamente por asfalto llego a Tardajos, dos pequeños pueblos encantadores, y hago mi primer cambio de medias, sentado en una pequeña plaza, tomo algo de agua y descanso por unos minutos, y alcanzo Rabe de la Calzada, a la salida del pueblo dejo a un costado el cementerio, y me adentro de lleno en continuo ascenso, en la soledad de la llanura castellana.
Esta es de una hermosura indescriptible, con sus campos verdes sembrados de trigo y cebada y la senda por donde transitaba, que se perdía en el horizonte, estaba regada de grandes piedras que dificultaban mi caminar , mientras el sol me daba de frente, yo apoyaba mi mano sobre la frente y adivinaba entre sombras, unas grandes elevaciones, que seguramente tendría que sortear.
El sol apretaba bastante cuando un par de kms después hago una nueva parada, en un área de descanso, que parece un oasis en el medio de la llanura, sombra y agua son bien recibidos.

Comienzo a escalar la Cuesta de Matamulos, con su senda plagada de piedras y ensimismado en mis pensamientos, hago un giro de 360º me doy cuenta que estoy solo, completamente solo, pues a kilómetros a la redonda no encontraba nada ni veía a nadie, eso me hizo estremecer, volví en mi y en un segundo continué mi marcha.
De golpe escucho unos pasos a mis espaldas, y como venido de la nada, veo una figura muy alta, bajo un sombrero australiano y todo vestido de verde, parece un yanqui en Vietnam, se pone a mi lado, y me saluda

Good morning,... :hola le contesto,
Where are you from,: de Argentina
Wherefrom???: no entendía, de AYENTINA hablando tipo Tarzán, le contesto
Ohh yes, yes AYENTINA, tango, Maradona, yes yes
And you, pregunto: Demar, pronunciando bien cerrado
I don not , non capisco le digo
Denmark me escribe en un papel
A si, Dinamarca,
yes yes, D I- n a- m a r- c a me deletrea y contesta en raro español
Your name, tu nombre? Cual es?? Paúl contestó
Eduardo le respondo
You,..Years ?? años, cuantos?? Y con el bastón marcaba en el camino 55.
Yes, cinco cinco le contestaba, haciéndole gesto con los cinco dedos abiertos y se reía por la expresión.

Nos tomamos un par de fotos, hablábamos lo que podíamos y al lograr llegar al tope de la loma, divisamos con alborozo Hornillos del Camino. Ahora la cuesta es en pronunciada bajada y en más de una ocasión tenemos que hacer esfuerzos para no rodar en tan pedregoso suelo.
En contados minutos entramos al pueblo, en donde nos encontró la puesta del sol.
Andando no más de 300 metros, me doy cuenta que el pueblo esta construido a la vera del Camino de Santiago, y si este no existiera el pueblo hubiera muerto.
Llegamos a una pequeña plaza, en donde hay un bar, una iglesia con su típico monolito del gallo, un pequeño cementerio y el albergue.
Justamente la plaza se llama Plaza del Gallo, y su figura está presente también en su escudo. Luego me entero que hay una versión que dice que en la época de la guerra de la Independencia, un grupo de guerreros franceses, derrotados por Napoleón, entró al pueblo, y como venían pasados de hambre, y al ver que los vecinos estaban en misa, se robaron todas las gallinas y para que no los descubrieran, las metieron dentro de sus tambores. Cuando los vecinos se dieron cuenta de lo que pasaba, los franceses negaron toda participación en el hecho, entonces las mujeres rezaron plegarias a San Antón y un gallo muerto desde el interior del tambor comenzó a cantar.

Nos alojamos en un pequeño albergue con unas colchonetas en el piso, y en la habitación éramos unas 12 personas, el lugar era bastante modesto, limpio y con buenos baños.
Nos sentamos a descansar en unas mesas que hay en la pequeña plaza y pedimos unas cervezas al bar de Manolo, en donde un ovejero alemán con 3 patas nos hacía juegos, y lo único que había que hacer, era ver pasar las horas, tomar unos apuntes y charlar con otros peregrinos,.. en ese pueblo de 20 habitantes, no se puede hacer más.
Luego de esperar turno, nos sentamos a cenar, la carta ofrecía una suculenta entrada de fiambres, unas chuletas con tortilla, un vino rosado y un buen postre.

De vuelta al albergue nos dispusimos a dormir, y mi colchoneta estaba ubicada debajo de una ventana, y como éramos muchos en esa pequeña habitación, la dejé un poquito abierta, para que entrara aire. Dejé todo preparado al pie de mi bolsa y con el cansancio que llevaba, creo que me dormí inmediatamente.



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Hornillos del Camino - Boadilla del Camino


Día 3 de mayo
Etapa muy larga de 39.2 kms

Cerca de las 6 de la mañana, escuché a los primeros peregrinos preparar sus mochilas, y aunque no estaba muy descansado por culpa de varios roncadores, pegué un salto y me dirigí al baño.
Antes de partir, saludé a mi amigo Paul, que se quedaría un rato más, pues no tenía ningún apuro, y con el pulgar levantado me saludo.
Tomé mi mochila y mi bastón y terminé de atarme las zapatillas en la calle.
Tomé por la única calle real que existe en ese pueblo y enfile hacía la próxima etapa.
El día se presentaba despejado y con buen tiempo.

Para llegar a San Bol hay que hacer un buen esfuerzo, pues las subidas y las bajadas son muy pronunciadas y cuesta mucho trabajo debido a la gran cantidad de piedras que hay en el camino.
El pueblo se encuentra a la izquierda cuando uno pasa, pero como me tenía que desviar unos 200 mts. de la senda, decidí desayunar en Hontanas a 10 kms.
El paisaje se presentaba como lo había vivido por las fotos que bajaba de internet, y parecía que ya hubiera pasado en otro momento.
Subidas y bajadas terribles y muy pronunciadas, mucha llanura con montañas sembradas de trigo, y muchos montículos de piedra, a causa de retirarlas de los campos tan agrestes, y los peregrinos aprovechan para formar pequeñas torres con piedras superpuestas.
Fueron 10 kms. completamente solo pero muy hermosos.

Hasta ese momento y luego de 2 días de caminar, si bien estaba disfrutando, no era lo que me esperaba en el sentido mismo del camino, no me pasaba nada, no sentía nada, y no sabía si tenía que sentir algo. No se si me explico bien.

Luego de un rato, diviso la torre y su campanario y hago mi entrada a Hontanas muy cansado y con calor, desayune un suculento café con leche con un sándwich de jamón, rociado con aceite de oliva, que era para un cuadro. Descansé, me cambié las medias, no sin antes pasarme vaselina por los pies.
Me tomé mi tiempo, me saqué algo de ropa y proseguí mi marcha muy comodamente hacia San Antón, que según el mapa, el camino proseguía un poco más suave.

El camino pasa por debajo de dos grandes arcos del Convento-Hospital de San Antón, y es un momento muy bello, pues estos restos todavía guardan hermosas decoraciones. Luego de sacar algunas fotos, me dirigí hacia Castrogeriz, cuya carretera, en este tramo está bordeada de chopos, brindando buena sombra, y luego de 20 km. de marcha paré unos momentos a descansar en La Taberna de Toño, una persona muy especial, que en cuanto me vio entrar me convido con un pedazo de tortilla recién hecha, y yo pedí un buen café con leche, hablamos de Argentina y luego de firmar su libro, sellé la Credencial y me convido con una rosquilla para que llevara en la mochila. Me llevo un gran recuerdo de Castrogeriz, que además es un pueblo muy simpático y pintoresco, con su Calle Real de 1 ½ km. de largo, que no es más que la prolongación del camino, que lo cruza de este a oeste y con un castillo imponente a su entrada, cuyas ruinas son visibles sobre el cerro que la domina.

A la salida de Castrogeriz, y una vez pasado el puente del río, veo para mi sorpresa, una imponente subida, bastante larga, que luego me entero que es la cuesta de Monteslares de 1.5 km. es una ascensión muy empinada y tortuosa, ya que esta senda está plagada de piedras. Subir esas cuestas supone en gran esfuerzo, y hay parar más a menudo pues las piernas sufren mucho, y poco a poco y mirando casi siempre al sueño logro llegar a la cúspide.
Mientras caminaba me crucé con un señor mayor y una niña, que a pasos muy lentos subían esa cuesta con caras de sufrimiento.
Al llegar a la cima, tomé un descanso en un parador que hay con unos bancos, y al mirar hacia atrás, no podía creer que había hecho semejante subida, pero el esfuerzo valió la pena porque el paisaje desde ese punto era magnifico, y desde esta altura de 900 mts. se divisan las provincias de Burgos y Palencia.
Y como bien dice el dicho, todo lo que sube baja, pues el camino continuó con unas bajadas tan pronunciadas como las subidas.

Luego de varios kilómetros cruzo el puente del río Pisuerga y entro en la Provincia de Palencia, y hago un alto en Itero de la Vega, en donde descanso un buen rato, me tomo una cerveza y un sándwich de jamón y entablo conversación con un peregrino que anda a caballo. El pobre equino, todo sudado y cansado, estaba comiendo una buena ración de zanahorias a la sombra de un frondoso bosque.

Continúo con la marcha rumbo a Boadilla del Camino, pues según me han comentado hay un buen albergue privado, en donde podré descansar.
Llego a esta ciudad después de andar 39 km, agotadores de subidas interminables y bajadas pronunciadas.
El pueblo es muy pequeño y se destaca en el centro del mismo su antigua iglesia, que se encontraba cerrada, y al lado de esta, se halla su famoso rollo o picota de finales del siglo XV, que alcanza una altura de unos 7 metros y que se usaba para impartir justicia, y allí encadenaban a los reos con argollas e incluso allí se los castigaba exhibiéndolos frente al pueblo.

Al entrar al albergue me llevé una agradable sorpresa, pues su fachada no representa lo que tiene en su interior.
Es una antigua casa reciclada, con un hermoso jardín con pileta de natación, unas habitaciones muy acomodadas y completas y un precioso restaurante.
Siguiendo con las sorpresas uno de los hospitaleros era de la ciudad de Córdoba, en Argentina, así me sentí más a gusto todavía.
Me bañe cómodamente, lavé mi ropa, y Jesús el dueño del albergue me invitó una copa de vino, estuvimos charlando con otros peregrinos hasta que llamaron a cenar.
Compartimos una larga mesa cerca de 12 comensales, entre los que se destacaban un joven y amanerado comisario de a bordo de Air France, que no puedo recordar su nombre, que hablaba 5 idiomas, entre otros español, así que la conversación fue muy amena. Luego del "postre de la mama", muy rico y casero, nos dispusimos a ir a dormir, no sin antes obsequiar a mi hospitalero argentino, un CD de canciones folclóricas de nuestra tierra, regalo que aceptó con mucho agrado.
Las camas eran muy anchas y tenían buenas frazadas, por lo suponía un buen descanso, si no había ronquidos.



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Boadilla del Camino - Calzadilla de la Cueza


Día 4 de mayo
Kilómetros recorridos 42

Estar ubicado frente al baño, tenía la desventaja que los peregrinos que acostumbraran levantarse de noche, molestarían, y por otro lado la ventaja que a la mañana, sería unos de los primeros en usarlo.
Y así ocurrió, pues éramos solo dos varones lo que estábamos a esa hora de la mañana, afeitándonos.
Distraído y a la vez concentrado para no cortarme, me doy cuenta que pegado a mi, una peregrina sueca o alemana, se desnudaba sin ningún tipo de pudor.
Primero fue el sostén, que dejó en el lavatorio muy displicentemente, sorprendido y avergonzado espiaba por el espejo. Luego fue el turno de su bombacha (bragas), que retiró haciendo unas piruetas con los pies, y que colocó al lado de la otra prenda. Sin vergüenza se introdujo en las duchas, me di vuelta, miré a mi compañero, y este encogiéndose de hombros, no tuvo respuesta a mi silenciosa pregunta.

Salí muy temprano, casi amaneciendo, y después de dar un par de vueltas, buscando la salida, vi una flecha en el cordón de la vereda, que me indicaba por donde seguir.
Pasé delante de la iglesia, con su pórtico tan antiguo, me persigne y me puse a la par de una pareja que había pernoctado en el albergue y seguí a buen ritmo, sin desayunar pues pensaba hacerlo más adelante, y me encontré enseguida en el campo. Al poco tiempo se me cruza Alejandro Sandoval Ortega, un personaje típico del camino, que pone su libreta a disposición para que le escribamos un mensaje. Al verle la gorra llena de pins de muchos países, le regalé uno con la bandera Argentina y luego posó para una foto con mi bastón.

Seguí por la llanura interminable, y en un momento de mi caminata solitaria, y como tocado por una varita, mi cabeza hizo un click y 58 años transcurrieron en 3 km.
Que me pasa me decía, quería pensar en otra cosa y no podía, me puse a silbar y volvían los pensamientos, cantaba a viva voz y no era capaz de sacarlo de la cabeza, y encima recordaba cosas que había hecho mal. Esto sería el camino?? pensaba. El repaso fue forzoso, así que no opuse resistencia y a medida que me "hacían" recordar, pues les aseguro que yo no lo quería hacer, me prometía restaurar esas ofensas, y a la vez sentía una congoja tremenda, pues había cosas que no podría modificar y se me anudaba la garganta y no podía detener mis lágrimas y mis mocos, que secaba con la manga de mi camisa.
Casi una hora después, otro click me devolvió a la realidad y sentí como si alguien me dijera, ahora te toca disfrutar del camino, y mi paso a partir de ese momento fue diferente.

A poco de caminar me topo con el Canal de Castilla, obra fabulosa de la época de los romanos, y camino paralelo a el disfrutando de su sombra y asombrarme con la gran cantidad de juncos que nacen a sus orillas, y así prosigo hasta llegar a las puertas de Fromista, donde logro cruzarlo por encima de unas compuertas, en donde se forma un salto de agua muy bonito, allí me detengo unos momentos observando semejante obra.
Paso por el pueblo, en compañía de varios franceses y me detengo en un bar, en donde pido un café con leche y un emparedado de bacon, pensando que era jamón cocido, pero no, era panceta, con mucha grasa, así que, una vez servido, me lo tuve que comer a esas horas de la mañana, pero como venia con muchísimo hambre me supo a delicias.
Tomando mi café en la calle, y acomodándome las medias, observaba como bastantes peregrinos pasaban delante de mi, rumbo hacia su lugar de destino.

Salgo del pueblo y luego de una rotonda, entre dos mojones desemboco en la senda del peregrino que marcha paralela a la ruta nacional, y que a simple vista se me hace muy larga.
Cada tanto, otro par de mojones me recibe y nos indica que voy bien.
Luego la etapa siguió bastante cómoda y llana, paso por Población de Campos, por su calle principal y en lugar de tomar un desvío, opto por seguir por el andadero que es más cómodo. Voy pasando varios peregrinos, apenas nos saludamos y nos deseamos buen camino, y suelen traspasarme muchos bicigrinos, que a gran velocidad, circulan por el asfalto. Es que yo pregunto, con semejante velocidad, se puede disfrutar del paisaje??, No sé.

El camino transcurre flanqueado por campos sembrados de cereal, donde trigo y cebada, todavía de color verde, están a mitad de su maduración.
Llego a Revenga de Campos atravesando un puente sobre un río y hago un pequeño descanso en un área arbolada, cambio mis medias y masajeo un pocos mis pies. Luego me entero que allí había dormido Carlos V.
El paisaje es siempre igual y solamente pasar por los pueblos, me sacaba de la monotonía. Lo que me llamó la atención entre Revenga y Villamentero de Campo, fue un pequeño crucero, en el medio del trigal, como si estuviera fuera de lugar.
Llegando a este último pueblo, me llama la atención un precario bar, con mesas y sillas debajo de un tinglado, y pasando música sacra. Paro, pido un café, compro agua, uso el baño y sello la credencial.

Paso por Villarcazar de Sirga, descanso unos momentos y luego de visitar su Iglesia, distingo una estatua en la vereda homenajeando a Pablo Payo, que supo ser un gran mesonero, según me informaron. Tomé mi foto de rigor, y saliendo por el costado del mesón, me dirigí hacia Carrión.
Tomo nuevamente el andadero que va pegado a la ruta, y entablo conversación con un sr. francés que habla bastante español, y que va junto a tres adolescentes. Casi a la hora divisamos Carrión de los Condes, una ciudad importante y con bastantes habitantes, entramos por su larga calle y enfilamos hacia el albergue que está en la iglesia Santa María del Camino, pero no me quedo, sello la credencial, me despido del francés y continuo el camino.
Al pasar por el centro encuentro un mercadillo en su plaza central, con su estatua de La Inmaculada, en un puesto bien atendido y con mucha variedad de frutas y hortalizas, varias señoras del lugar hacían sus compras.

Buenos días señoras, saludo,
Buenos días responden,
y una mirándome de arriba abajo y viéndome de peregrino me interroga, Ud. va a Calzadilla?
pues si, le contesto,
Sabe Ud. como salir del pueblo y cuantos kms. son? como alertándome de lo que Iba a hacer
Pues creo que si, son muchos le digo.

Llegado mi turno, compro algo de fruta, bananas y manzanas, y me preparo para afrontar una etapa que según la señora y los mapas, presagiaban muy dura.
La salida estaba marcada por conchas de bronce en medio del asfalto, paré en un kiosco a comprar una botella grande de agua, unos chocolates y me senté en un banco de una pequeña plaza a ponerme el rompevientos, pues amenazaba mal tiempo, y a acomodar mi mochila.
A la salida del pueblo y en un cruce de caminos, tomé un café en una estación de servicio y pregunté por donde tenía que seguir.
El camino comenzó asfaltado y llano, y tenía que levantar mi ritmo si quería llegar al próximo albergue.
Tenía que cruzar 17 km. muy duros y extenuantes, pues no hay absolutamente nada, ni agua, y la que hay no es potable. Se trata de una antigua calzada romana, la Via Aquitana, con un suelo muy irregular y con muchas piedras, en donde tuve que parar varias veces, pues tenía una pequeña molestia en mis pies y no quería que me salieran ampollas.

A mitad de camino, en medio de un descanso, en uno de los paradores que hay al costado del camino, me como una banana, para reponer fuerzas, y aprovecho a cambiarme las medias y ponerme vaselina, pues sentía los pies muy calientes, observo a la distancia un peregrino envuelto en un largo rompeviento color tiza, que caminaba muy deprisa, era el azafato francés,... .conversamos un par de minutos, lo invito con una banana y reanudamos la marcha. Luego de caminar un par de kms. el siguió con su ritmo muy apresurado, y quedamos en encontrarnos más adelante, en el albergue.

Armándome de paciencia pienso que me quedan más de 3 horas de interminable soledad, sin que se vea una sola casa, algún que otro árbol perdido en la distancia, y solo vamos mis pensamientos, mi sombra y yo, y así a ritmo suave pero continuo comienzo varias subidas y bajadas con barro, calculando que la lluvia que veía caer en la distancia, ya había pasado y que iba a tener suerte de no mojarme.
Logran pasarme un par de peregrinos en bici, les hago señas con la mano para saludarlos y paran, eran una mujer y un muchacho, cambiamos un par de palabras, y según sus cuenta kilómetros me aseguran que el albergue está ahí nomás, nos saludamos y con más animo por el dato, apuro el paso.
Una torre se distinguía en el horizonte imaginándome que allí se encontraba el pueblo, luego de unas hondonadas, con mucho barro, paso por el cementerio y distingo las primeras casas y el cartel de albergue fue lo primero que vi, y me dirigí a buscar mi alojamiento.
El albergue era muy modesto y mis intenciones eran descansar lo mejor que pudiera, por lo que consulté con el hospitalero que era carioca, donde podría encontrar un lugar un poco más cómodo, y muy gentilmente, y como buen brasilero que se precie, me señalo un hostal a pocas calles de ahí, agradecí, sellé mi credencial y me retiré.

Llegué al Hostal Restaurante "Camino Real", extenuado y de mal humor, pues esa etapa había sido una tortura.
Tarifa habitación con baño privado 25 euros, baño compartido $ 15 euros. No lo pensé, baño compartido, que tuve la suerte de tenerlo frente a mi habitación.
El baño, un lujo, bañera, bidet, secador de pelo, champú etc.
Me bañe mientras lavaba mi ropa, bajé a la confitería y caña de por medio, usé internet para comunicarme con la familia. Luego me llamaron por teléfono, hable con Nelly y Vane y mis lágrimas rodaron de la emoción, no me salía una palabra.

Hice tiempo en el bar, escuchando la charla de varios peregrinos, pero sin intervenir, y entre caña y caña me llamaron a cenar.
Pasamos a una sala contigua en donde estaba el restaurante, me acomodé solo en una mesa esperando a los mozos, que muy atento me acercó la carta.
En una mesa contigua 2 italianos muy charlatanes y escandalosos y 2 alemanes, me hacen seña y me invitan a compartir su mesa, no lo dude y me pase de lugar.
Sentado en una punta hacemos las presentaciones, estos peregrinos hablaban más o menos español, pero con vino y ganas, en el camino nos entendemos todos. En medio de la charla, llega el azafato, y lo invito a compartir la cena. Este chico habla 5 idiomas, así que la charla se hizo más amena, pues lo que no entendíamos él lo traducía.
De cena ensalada de fideos con atún de primero, y carne al horno de segundo, queso y dulce al final. Luego café. Ah vino, por supuesto tinto.

En medio de la cena, se abren las puertas y entran tres peregrinos muy berborragicos y riéndose a viva voz, me doy vuelta para observarlos, y veo en uno de ellos una cara familiar.
La neurona que tengo me gritaba, ¡!!LO CONOCES, LO CONOCES ¡¡¡, y al segundo siguiente me quedo petrificado de la sorpresa, no lo puedo creer, no puede ser tanta coincidencia, es Duracell, mi amigo de Madrid, el del foro, que solo conocía por fotos y que tantas veces conversamos y tantos consejos me dio.
Nos miramos como dos marcianos, casi tiro la silla del salto que di y sin decir palabra nos abrazamos con un gran sentimiento y sorpresa. Otra vez las lágrimas afloraban. Si alguno de Uds. vivió algo así en algún momento, sabrá entenderme, es difícil explicar en palabras tan agradables momentos. Como bien lo dijo Duracell " Esto pasa solamente en el camino", y pienso que tiene mucha razón.
Como se puede explicar que uno que ha salido de Roncesvalles, sin programarlo, sin pensarlo y sin siquiera suponerlo, y el otro que sale de Burgos, casi 500 kms. de diferencia, se van a encontrar dos amigos a mitad de camino, eso es cosa de locos.
Los otros peregrinos nos miraban sorprendidos y agradados por la situación.
Volví a mi mesa a terminar mi comida y después de los postres, pedí disculpas y me crucé de mesa. Duracell me presento a sus dos amigos, que había encontrado caminando desde Roscenvalles, eran Carlos Gradin, de Brasil, y Juan de Sevilla. La charla fue muy larga y entretenida, cambiamos impresiones del camino, y me preguntaban que me parecía.
El bautismo con orujo, no tardó en llegar, licor del que bebimos un par de copitas, sacamos algunas fotos y quedamos en partir a la mañana siguiente luego del desayuno.

Que día tan sacrificado, pero que final tan hermoso.
Subo a mi habitación, veo un poco de tele, y entre sábanas limpias y colchón mullido me quedo dormido.



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Calzadilla de la Cueza - Bercianos del Real Camino


Día 5 de mayo
Etapa también larga de 32.5 km.

El teléfono suena a las 6.30 hs. salto de la cama, me cruzo al baño, afeitada, lavado de dientes y otras yerbas y bajo, con mochila y bordón preparados a encontrame a las 7 de la mañana con los tres amigos y sin apuro desayunar copiosamente.
Carlos salió primero, luego Juan y detrás Duracell y yo.
A unos diez minutos de caminar todos juntos, nos fuimos desperdigando, con Duracell y yo por delante, luego Carlos y luego Juan que me parece era el más lento.

Era una mañana hermosa, con un poco de niebla, y el camino continúa paralelo a la ruta n° 120 caminando por un estrecho valle y a los pocos kms, antes de Lédigos comenzó una subida importante, pero venía bastante descansado, y no hubo problemas.
Lédigos es un pequeña población, cuyas casas en su mayor parte están hechas de adobe. Al salir tomamos agua de una pequeña fuente que hay en una plazoleta.
Luego pasamos por Terradillo de los Templarios, y paramos a tomar un café con leche en un albergue muy particular, llamado Jacques de Molay, en honor al último maestre templario, mientras sellábamos la credencial lo vimos entrar a Carlos, con su parsimonioso andar, nos sentamos los tres, y luego de unos minutos marchamos juntos.

La caminata con Duracell no me la podría haber imaginado mejor, y esta transcurría mientras manteníamos una charla amena y simpática, explicándome sus conocimientos del camino.
Mientras andábamos me comentaba todo lo referente al camino, sus iglesias, sus cruceiros, las leyendas de los pueblos y que para mi era todo desconocido, lo escuchaba muy atento tratando de aprender algo. Me daba más de lo que merecía, era el guía perfecto.
Carlos había quedado atrás, pues nosotros marchábamos mas rápido, mejor dicho tenía que caminar rápido, pues mi amigo era una tromba, no por nada lleva el conejo colgado de su mochila.

Seguimos a Moratinos, en donde se encontraban unas cuevas bodegas hechas sobre la calle, una especie de montículo cavado hacia abajo, muy particular, en donde sus dueños guardaban los vinos, y siguiendo su calle real, salimos por el otro extremo. Retomamos la senda pegada al asfalto y nos sorprende, abandonadas y descansando de tantos kms., un par de botas colgadas de un árbol.

Luego de un buen rato llegamos a San Nicolás del Real Camino, un pueblo con casas muy modernas, comparados con otros, y Duracell me explica que es el último pueblo de Palencia. A la salida tomamos la ruta y nuestro camino se hace paralelo a esta, y un poco más adelante un cruce de carreteras nos indica que estamos entrando a la Provincia de León, en el mojón indicador nos fotografiamos con Carlos que habíamos encontrado de nuevo, rodeamos el puente y tomamos nuevamente la ruta asfaltada
Llegamos a Sahagún, y cruzando la ciudad, nos dirigimos hacia la estación de trenes, pues sabíamos que Juan terminaría allí su camino, por cuestiones de trabajo.
Al llegar a la Terminal de trenes, y pensando que tendríamos que esperar a Juan, pues no lo habíamos visto hacía rato, nos sorprendimos viéndolo discutir en la ventanilla con el empleado del ferrocarril.
Nos despojamos de las mochilas, y me tiré en un banco a todo lo largo que podía, estaba extenuado.
Luego de sacar el pasaje, tomamos unas cañas y recorrimos la ciudad en busca de un albergue para Carlos, luego nos fuimos a comer los cuatro, a un lindo restaurante del centro de la ciudad. Nos sacamos buenas fotos, y nos despedimos con tristeza.
A la salida la empleada del local nos pide que recemos a Santiago por ella, entonces le digo que pediría por fortuna y por un novio, y me contesta que por fortuna si, que novio ya tenía, su nombre si mal no recuerdo es Rocio.

Carlos se quedaba en Sahagún, y como era temprano, decidimos con Duracell seguir nuestro camino, con la idea de llegar al Burgo Ranero.
Apenas salidos de la ciudad, cruzamos un río caudaloso por un hermoso puente romano y en este tramo, la senda peregrina, bajo una pequeñas sombras de árboles muy jóvenes, corre paralela a la ruta nacional. La caminata se hizo lenta, pues iba en pequeña subida.
De pronto llegamos a Calzada de Coto en donde en un cruce de caminos, se puede optar por ir paralelo a la ruta, o desviarse a la derecha unos km. y elegir otro más largo, por una senda romana.
Decidimos continuar por donde veníamos siempre en suave y constante pendiente ascendente paralelo a la ruta y nos encontramos con un arco metálico y muy brilloso que tenemos que pasar por debajo, que aparenta una obra de arte, pero no se que significa. Sorteando el arco y reposando una en cada pilar, dos extenuadas y raídas botas de peregrinos, encontraban descanso eterno.

Al pasar por Bercianos del Real Camino, decidimos pernoctar en ese albergue.
Llegué con el último aliento, y empapado de sudor, a tal punto que me tiré de espaldas en la puerta en plena calle, y dejé una marca mojada en el asfalto, que tardó en secarse, probado por foto sacada por Duracell.
Tuvimos una elección acertadísima, pues nos encontramos con un albergue bastante modesto, pero lleno de una mística increíble. Su hospitalero, Ángel, oriundo de Vigo, es una persona agradabilísima, y luego de llenar los datos, sellar la credencial, nos fuimos al primer piso, y elegimos nuestras camas.
Luego de un baño reparador, nos fuimos a recorrer el pequeño pueblo y tomarnos unas cañas en un bar y charlar con unas señoras mayores, que sentadas en sillas en medio de la calle, tomaban tranquilamente el sol.
Lavé mi ropa en una pileta que hay al aire libre, y como había un poco de sol pero corría una agradable brisa, pensé que se secaría inmediatamente.

Hicimos tiempo sentados en un banco hecho de troncos en la puerta del albergue, charlando con otros peregrinos, y jugando con un pequeño perrito que tenía la particularidad que seguía a los caminantes hasta el pueblo siguiente, y la dueña tenía que ir a buscarlo. Cuando se escapaba hacía de nuevo lo mismo, día tras día por ese motivo la dueña decidió atarlo y no dejarlo suelto, cuando lo sacaba solamente lo tenía en brazos.
A la hora de la cena, Ángel preparó con lo que tenía una riquísima sopa con chorizo y pan, con un vino que compramos en una almacén y de postre frutas.
Luego levantamos la mesa, a mi me tocó lavar los platos, Duracell secó y levantó la mesa. Hicimos una linda sobremesa y como a las 21 hs. dirigimos a descansar.
Como éramos pocos peregrinos, dormimos muy cómodos en un salón grande y separados del resto, los que nos garantizaba cero ronquidos, y cubiertos con unas mantas que tenían bordadas un escudo de una logia masónica, una curiosidad, por supuesto dato aportado por Duracell, que no se pierde una.
Fue un día muy impresionante, por la caminata con mi amigo y por lo mejor que era el camino.



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Bercianos del Real Camino - León


Día 6 de mayo

Esta fue una etapa muy larga y extremadamente dura, pues caminé alrededor de 47 km.

Nos levantamos muy temprano, y sin hacer mucho ruido nos aseamos y bajamos por nuestras botas, que quedan descansando en la planta baja, para resguardarnos del olor.
A esa hora, ya estábamos todos despiertos y prontos a marchar.
Salimos rodeando el albergue, y pasamos por la iglesia del SALVADOR, que está media destruida a causa de los años, pero que están reconstruyendo.

Enseguida agarramos el campo nuevamente, y a pesar que era casi de noche, se veía a lo lejos que estaba amaneciendo, y el camino se presentaba bastante bien, y sin grandes dificultades, a pesar de que no hay nada de sombra y todo transcurre en una subida no muy pronunciada. En esta etapa el camino continúa pegado al lado de la ruta y de tanto en tanto observo bancos para poder descansar, cosa que hacemos sentados frente a un hermoso cruceiro y como llevaba un sándwich de jamón en mi mochila, decidimos compartirlo de inmediato.

La mañana transcurre tranquila, entre charla y charla con Duracell, llegamos al Burgo Ranero, en donde hicimos una pequeña parada para sellar, primero en un bar en donde tomamos café, y sellamos y luego fuimos a otro bar, en cuyas paredes estaban pintadas escenas hermosas del camino, sacamos unas fotos y sentados luego en la barra, tomamos un chupito de orujo. Al continuar el viaje, mi amigo me indicó porque se llama así el pueblo, y es a causa de que había en otras épocas muy lejanas, unas lagunas donde se criaban ranas, y lo pudimos comprobar, pues a nuestro paso miles de ranas croaban sin cesar, toda una sorpresa, aunque según me informó ahora están protegidas. No sabría porque, pues son tan ricas!!!

El camino se presenta en suave bajada y siempre paralelo a la ruta, y Duracell me explica que los árboles en la senda están mal ubicados, pues están sembrados del lado izquierdo, y la sombra a esa hora de la mañana la dan para el lado del campo. Por lo tanto de nada sirven. Nos reímos e hicimos chistes, pensando en el agrónomo que indicó plantarlos de esa manera.

Llevábamos un par de horas, y no llegábamos a ningún lado, solo la continua charla con mi amigo hacía más llevadera la jornada. Cruzamos unas vias de ferrocarril, y luego se llega a una zona de bosques y muy pronto entramos a Reliegos en donde también hay cuevas que usaban para bodegas, que hoy poco se usan, pues la gente se dedica al cereal, e hicimos una cortita parada para tomar una cañita, y sentarme en la plaza a acomodarme las medias, y charlar con una peregrina española, que llevaba problemas de ampollas, mientras Duracell hacía unas llamadas con su teléfono. Observo asombrado a una señora mayor, vecina del luegar, supuse, toda vestida de negro, caminar muy lentamente y no pude imaginar su vida en ese pueblo.

Continuamos nuestra marcha con la idea de encontrarnos con Cecina, amigo de Duracell, en la próxima localidad de Mansilla de las Mulas, en donde almorzaríamos los tres, y en donde mi amigo abandonaría a su camino.
De los 5 kms que restaban hasta Mansilla poco hay que contar, pues continuó como hasta ahora.
Al paso nos salió Cecina, y luego de presentarnos, llegamos a esta bellísima ciudad amurallada del siglo XII, en donde se entra por un arco, restos de una muralla, a decir de Cecina.
Llegamos hasta el albergue, sellé la credencial y no me animé a instalarme, pues tenía pensado seguir, pues como Duracell se quedaba, yo había hecho planes con una peregrina española, que tiraríamos juntos hasta León y que nos encontraríamos a la salida del pueblo.

Eso lo decidiría luego de almorzar, pues faltaban todavía 20 kms largos, y mis amigos mucho no me animaban y al contrario me aconsejaban que me quedara.
Caminamos unas cuadras por el centro y me llamó la atención tanta gente en los bares y de compras en sus calles y luego de un largo trayecto llegamos a un bonito restaurante en donde solo almorzaron ellos dos, pues como no me sentía bien, solo probé unas papas fritas y una patita de no me acuerdo que era, pero que estaban muy ricas, una cañita y nada más. Luego de casi una hora regresamos hasta el centro en donde habíamos dejado las mochilas en el baúl del auto de Cecina, me llevaron hasta la salida y me dispuse a continuar el viaje.
La despedida con Duracell fue muy emotiva, nos abrazamos fuertemente, lagrimeamos como dos niños y nos prometimos volver a caminar juntos.
Saludé a Cecina, que resultó un tipo muy simpático y muy comprometido con el camino, y me facilitó su teléfono en León, para que lo llame cuando lo necesite.

Proseguí mi marcha, y al salir del pueblo mi compañera no estaba, así que me acomodé la mochila y ajusté el paso para no llegar de noche.
Cruzo el puente y estoy de nuevo en mi senda nuevamente paralelo a la carretera.
Pasé por varios pueblos muy pequeños, y el primero es Villamoros de Mansilla, en donde hice una pequeña parada de descanso para reponerme.
Luego el camino se torna un tanto peligroso pues hay que transitar por el costado de la ruta, que se nota con muchos automovilistas, hasta llegar a Villarente en donde un largo puente me recibe.

Luego de un buen rato y de una subida muy pronunciada, que me costó sortear, paso por el pueblo de Arcachuela, y como llevaba muchos kms encima, hago un nuevo descanso en un bar a tomar una buena cerveza.
De aquí el camino es en continua subida, y se me hizo muy cansadora y peligrosa pues se camina pegado a la autovía nacional, y al llegar a lo alto se divisa a lo lejos, por fin la ciudad de León.
Todavía me faltaba un buen rato, y la bajada pronunciada, a veces se hacía dificultosa y como me sentía muy cansado y con la pierna que comenzaba a inflamarse, mi paso se hizo algo más lento y deseaba llegar lo antes que pudiera.
Cruzar esas carreteras era toda una aventura, pues hay momentos que se transita sobre ella, y es muy peligroso, luego se cruza un angosto puente peatonal de chapa y se desemboca de a poco en la misma ciudad.

Luego de casi una hora de caminar por sus veredas, llegué a un albergue por indicaciones de unos chicos del lugar. Tuve que subir dos pisos, y con mi pierna que no podía más, pregunte si ese era el albergue de las Hermanas Benedictinas, y me informaron que quedaba del otro lado de la ciudad.
Decepcionado, pensé en dormir en un hostal de los alrededores, pues necesitaba descansar plenamente para poder continuar.
Me acordé que Cecina vivía en León y lo llamé por teléfono para que me recomendara alguno, y el muy dispuesto, me vino a buscar, a pesar que tenía que ir a ver un partido de básquet y lo estaban esperando. Luego de averiguar dos o tres lugares, nos tomamos un taxi, que el pagó, y nos dirigimos a ver como eran. Eran tres hostales muy malos por lo que cobraban ($ 40 euros), entonces al final Cecina me convenció de alojarme en el albergue de las Monjas Benedictinas, en donde tenía un conocido que me presentó sin problemas.
Francamente fue un acierto.

Me alojé en una sala que había por lo menos 40 camas cuchetas, es decir que dormiríamos unas 80 personas.
Mientras me dirigía al baño a darme un ducha que me sacara el cansancio, me cruso nuevamente con Carlos Gradin, nuestro amigo brasilero, que estaba en otra habitación contigua, linda sorpresa, charlamos un par de minutos y quedamos en ir a cenar.
Algo más repuesto, aunque mi pierna me daba su alerta, salí a recorrer la ciudad, que tiene unas calles muy hermosas, teléfono e internet con la familia, otras lágrimas y a cenar.

Cerca de las 21 hs. nos invitaron a presenciar una misa en el convento de las hermanas, y luego de una charla de la monja mayor, pasamos a la iglesia donde un grupo de monjas dieron misa, muy hermosa. A eso de las 22 hs. nos dirigimos a dormir.
Mi vecina de abajo, era una española, que cuando llegué a la cama, estaba curándose los pies, pues los tenía destrozados. Pasándose un hilo por medio de la ampolla y luego inyectándose Betadine, se le caían las lágrimas del dolor. El error fue que estrenaba calzado y eso le produjo semejante destrozo en los pies.
Elegí mi cama, la de arriba, pues al ver a mis vecinos, todos jóvenes, pensé que era el mejor lugar cubriéndome de los ronquidos,... la elección fue fatal.
A media noche y a varias camas de la mía, una señora muy gorda, se daba vueltas de acá para allá en su cama, haciendo rechinar los elásticos y resoplaba como una marsopa haciendo mover las luces que colgaban del techo, una auténtica tortura esquimal.
Pasé una noche de perros.



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León - Santibáñez de Valdeiglesias


Día 7 de mayo
Kilómetros recorridos 39, otra etapa larga

A primera hora, y entre dormido, escuché los primeros cuchicheos de peregrinos levantándose. Rápidamente, me incorporé y con mis utensilios de aseo me dirigí al baño, en donde me encontré para mi sorpresa con el azafato, que con su delicadeza tan notoria, iba de acá para allá, buscando un lugar en ese baño tan repleto a esa hora de mañana. Charlamos un par de minutos, le dejo libre mi lugar, y me comenta que quiere salir muy rápido, pues piensa hacer una etapa larga.
Eso era una romería, peregrino yendo y viniendo, risas y carcajadas de un grupo de bicigrinos muy jóvenes y la gorda que no podía bajar de su cama de arriba, le ponía la gota de humor a la mañana.

Luego con todo preparado, fui a la cocina a desayunar un suculento café con leche, pan con manteca, que repetí de tan delicioso que estaba. Tomé mi bordón, que había quedado en un rincón de la oficina de entrada dentro de una gran lata, y enfile hacia la calle buscando la primera flecha.
La flecha señalaba en dirección al centro, y como pasaba muy cerca de la Catedral, me dirigí a conocerla. Es una obra magnífica del siglo XII de estilo gótico, inspirada en la Catedral de Reims (Francia) y en su interior grandioso deslumbran sus 150 ventanas con vidrios biselados y de múltiples colores.
Tomé la calle peatonal, que los empleados municipales limpiaban con mangueras y el brillo que de ella surgía, me hizo recordar cierta película.
Luego de preguntar por donde tenía que salir a uno de estos señores municipales y en una mañana bien fresquita me preparé para afrontar primero, la salida de León y luego otra jornada que se presentaba larga y en solitario.

En un momento me encontré con un grupo de bicigrinos, que ya había cruzado en otra ocasión, saludándonos siempre. Eran tres alemanes. Dos hombres y una mujer, supongo que esposa de alguno de ellos, y que la pobre señora luchaba pedaleando para subir un puente peatonal con su bici sumamente cargada, yo que venía a buen paso la ayude, empujándola del portaequipaje, sorprendiéndose y asustándose un poco al principio, pero luego agradeciendo, pues yo le daba ánimos diciéndole en vos alta, go!, go! go!, luego los volví a cruzar desayunando a la salida de León, y me saludaron efusivamente con los brazos en alto.

Hablando de la salida, me resultó tremendamente aburrida, larga y pesada, sobre todo por el tráfico, el asfalto y el calor que hacía esa mañana, lo bueno es que se transita por anchas avenidas, pero que hay que cruzar varias veces, porque las flechas están horriblemente mal marcadas, a tal punto que tuve que preguntar un par de veces en cruces que confundían.
A los pocos kilómetros me encuentro a esta chica española, que tenía los pies destrozados, llorando angustiadamente, pues se veía que no podía seguir. Me paré a consolarla y preguntarle si necesitaba algo, pero no quería saber de ayudas y que descansaría un rato, pero me confesó que llegaría a Santiago sea como fuere, ese testimonio me estremeció y me dio más fuerzas para seguir, pensando que yo no tenía lesiones.

Al principio la etapa se hacía un poco pesada por las subidas a la salida de la ciudad, pero luego todo se acomoda de nuevo, y se camina descansado, y desde esa altura al darme vuelta observo una completa postal de la ciudad de León.
A los pocos momentos transito por la parte trasera de un polígono industrial y como es domingo está cerrado y tranquilo. Después dar varias vueltas entre esos galpones, encuentro la senda paralela a la ruta y me llevará al siguiente pueblo.
Camino pegadito en la ruta y de contramano, para observar los vehículos que venían de frente, y que en varias oportunidades me tuve que parar literalmente por el peligro que eso acarreaba.

Al tiempo llego a Virgen del Camino, que sobre un alto se ve el Santuario de la Virgen, que es una moderna construcción con muchos bronces, muy bonito, luego frente al santuario se cruza la ruta, y se comienza a descender.
Luego se toma nuevamente la ruta y paso por Valverde de la Virgen, y me sorprendo frente a los restos de un campanario en medio de la vereda, con su raída escalera de caracol y con dos cigüeñas en sus nidos como vigilándolo todo.
En un par de kms. llego a San Miguel del Camino, donde hago mi primer descanso.
Lleno mi botella de agua y pasados unos 10 minutos comienzo mi andar.

Al llegar a unas construcciones de hoteles y gasolineras pienso que estoy en Villadangos del Páramo, pero descubro que aún me faltan 2 kms. y entonces tranquilo y a buen ritmo, prosigo y llego alrededor de las 13 hs.
Hago otro pequeño descanso, pues tenía las plantas de los pies doloridos por tanta piedra y restos de obra de construcción, y me descalzo, cambio mis medias y me froto con vaselina.
Un poco más repuesto y pensando que había caminado nada más que 20 Km y decidí continuar.

Retomé nuevamente la carretera, y aunque el trayecto era igual al anterior, me pareció un poco más tranquilo.
Con un día de mucho sol, pero no de calor llegué hasta San Martín del Camino, buscando un lugar donde comer.
Encontré sobre la misma ruta un albergue pequeño, que se llama Albergue Ana, regenteado por una familia y en donde fui atendido de maravillas y por 7 euros comí con vino, entrada de salames caseros, carne de jabalí con patatas y de postre queso con dulce y café, todo un manjar, me quedé descansando en un comodísimo sillón, frente a un televisor de 29', mientras miraba la carrera de formula 1, que ganó Schumi. Otro cafecito invitación de la casa con un chupito y de vuelta a la carretera, la tarde estaba preciosa y con un tiempo muy lindo para caminar, por lo que decidí llegar a Hospital de Orbigo y pasar la noche en ese lugar.

A lo lejos se distinguían unas montañas con sus picos nevados, y mirando el mapa, supuse que sería El Bierzo.
Siempre paralelo a la N-120 y faltando aún unos 7 kms. para Hospital, la marcha se volvió monótona, salvo por un par de charlas casuales con algún que otro peregrino. Pronto llego a un hermoso puente que se llama creo Passo Honroso, no sabría porque, y disfruto de su construcción de tiene muchísimos arcos.
Pasando el puente, el camino hacia el albergue con tan mala suerte que no hay lugar.
Vuelvo sobre mis pasos, y a la salida de Hospital el camino tuerce a la derecha y comienzo mi marcha hasta el próximo pueblo, que en la guía que me dio Cecina solamente figuraba una sola cruz marcada, señal que por lo menos había albergue.

Seguí mi camino hasta Santibáñez de Valdeiglesias, pueblo de unos 200 habitantes y al llegar a las puertas del pueblo, se me cruza un coche, en el que manejaba un cura y un chico con barba, era el cura del pueblo y el hospitalero, y me indican amablemente donde quedaba el albergue.
Paso delante de la iglesia, con ladrillos a la vista, y doblando unos metros luego de un bar, se encuentra el albergue que es parroquial, austero pero muy acogedor. Me recibe el hospitalero en una especie de living, con una mesa muy larga con sillas y sillones, un televisor, internet y café. Me toma los datos y sello la credencial. Se sorprende que soy argentino, y me comenta que no son muchos los de mi nacionalidad que transitan el camino.
El hospitalero se llama Silvio Falcón, y es de Sao Pablo, Brasil, y mientras abría una botella de vino, me contó como había llegado hasta ese pueblo y por qué había realizado el camino. Parece que la novia tenía cáncer de útero y estaban a punto de casarse y el de muy buena posición económica, le pidió a Santiago por la salud de su prometida y parece que todo salió como el esperaba, pues se casaron y el hizo el camino en dos oportunidades y para dar gracias y devolver algo de lo que le dio el camino, pasa unos días de hospitalero. Buen gesto.

Lavé toda la ropa, tomé un baño que me pareció de un 4 estrellas y descubrí que tenía un principio de ampolla en la planta del pie. Al verme medio preocupado, Silvio me regaló unas muestras gratis de Compeed, que me resultaron fabulosas.
A la noche, con lo poco que teníamos en las alacenas, hicimos una sopa de ajo, con huevos y pan, unos tragos de vino y se acopló una peregrina de Barcelona, y la nueva hospitalera holandesa de nombre Silvia, que reemplazaría al brasilero en unos días.
La charla discurrió placenteramente cambiando opiniones, y hablando de varios temas, entre los cuales me comentaba Silvio, que viaja seguido a Buenos Aires por cuestiones de trabajo, y que entre otras cosas lo mejor que recuerda son los "churascos a caballo", lo cual me hizo mucha gracia.

Debo aclarar que es un churrasco a caballo. Consiste en un bife de lomo de 500 grs. hecho a la parrilla, bien jugoso, con un buen morrón rojo también asado y con 2 huevos fritos encima y una gran porción de papas fritas cortadas en bastoncitos, una verdadera y típica delicia argentina.

También, cambiando de conversación estábamos tratando de hacer entender a nuestra amiga catalana, que en Brasil y Argentina, a pesar de ser países muy ricos hay mucha pobreza e ignorancia y por que los políticos no hacían nada para remediarlo. No llegó nunca a comprenderlo, además no era el momento para discusiones de ese tipo, por lo tanto decidimos cambiar de tema y Silvio, el hospitalero poniendo un poco de orden, nos comenta que cada año, para la época del maíz, creo que para julio, aparecen enigmáticas figuras dibujadas en los campos sobre el cultivo, que cambian su diseño cada año, una especie de parque temático, que dicen es digno de verse, y que los del pueblo tratan de mantener en secreto quien las hace, para crear más misticismo a la tarea. Además según me dijo, cobran entrada.

Luego de la larga charla, me dispuse ir a dormir.
La habitación era de cuatro camas, y mi vecino era un joven polaco creo, que había visto en varias ocasiones, pero supongo que no hablaba nada de español, pues no se esmeraba en dar conversaciones.
Como sobraban camas, dispuse sobre ellas, toda mi ropa y la mochila, bien ordenado y preparado para el otro día.
Bien tapado y con una buena almohada, prescindiendo de la bolsa, apagamos la luz y a dormir.



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Santibáñez de Valdeiglesias - Rabanal del Camino


Día 8 de mayo
Kilómetros recorridos 34

Por la mañana bien temprano y todavía a oscuras, desayuné un café con leche solo, recogí una ropas del tendedero y salí rumbo a Astorga. La flecha señalaba un sendero de tierra, pero preferí continuar como había llegado, encarando la entrada del pueblo. Al llegar a la carretera, ya había varios peregrinos delante de mí, y a otros llegando.

El camino prosigue por un sendero entre robles y el piso es bastante pedregoso, lo que hace doler las plantas de los pies.
Un poco antes de llegar a San Justo de la Vega, y en el final de una pendiente, se puede divisar a lo lejos la ciudad de Astorga. Luego viene una bajada pronunciada y se entra al pueblo y dispongo de una pausa luego de 8 km. sin parar.
La etapa hasta Astorga si bien no es tan dura, se hace siempre paralela a la ruta nacional 120, pero a pronto de llegar, creo que cerca de 4 km., se dificulta por las continuas subidas y bajadas y porque siguiendo las flechas, me parece que uno no llega nunca al final.

A las puertas de Astorga, ya se ven las lindas edificaciones y las últimas calles son de mucha pendiente.
De contramano me sorprende una larga caravana de vehículos del ejercito, con tanquetas, cocinas y toda pertrechada, estaría haciendo ejercicios supuse.
Continuo ascendiendo una calle que se me hacía imposible por la pendiente, cuando levanto la vista y veo a unos 100 metros delante mío, una silueta de peregrino que me parecía familiar, apuré el paso y silbando una canción brasilera, mi amigo Carlos Gradin se dio vuelta y no lo podía creer que nos encontráramos de nuevo.
Llegamos hasta el centro de la ciudad, en donde admiramos el reloj maragato, la imponente catedral de Santa María y el Palacio Episcopal realizado por Gaudi.
Vacié mi cámara de fotos, pasándolas a un CD, y me comunique con otro amigo de otro foro llamado Cecilio Maestro, que trabaja en LA CAIXA GALICIA pero no pudimos encontrarnos.
Después de un completo desayuno y como era temprano, decidimos continuar caminando juntos.

La salida de Astorga se hace por la carretera local de poco tránsito y luego de cruzar la autovía se llega a Murias de Rechivaldo en donde se comienza a partir de una larga e interminable pendiente hacia arriba.
La etapa prometía ser algo más dura que las anteriores, pues dejábamos las llanuras para comenzar a subir los montes de León, y en una senda paralela a un camino vecinal asfaltado, vamos rodeado de un típico monte bajo y en continuo ascenso a tal punto que al darnos vuelta vemos a lo lejos la ciudad de Astorga, un bello paisaje.

La caminata con Carlos se hace muy agradable, pues el lleva un paso un poco más lento que el mío, y yo tratando de entablar una charla, me adapto a su caminar, lo que me hace llevar un paso descansado. El habla un portuñol bastante claro y como el vive en una ciudad donde nuestra familia sabe frecuentar de vacaciones, la charla se extiende gratamente.
También me cuenta sus motivos de este peregrinaje, y resulta que el trabajaba en una empresa brasilera, líder en exportaciones de pollos, y resulta que le detectaron una hepatitis cancerosa, muy rara, a tal punto que creo que le dieron por desahuciado.
Se hizo todo tipo de tratamientos, quimioterapia, transfusiones etc. etc. y pidió al Apóstol Santiago por su vida.
Pues ahí lo tenía, caminando por tercera vez, al lado mío, un cacho de tipo de casi 2 mts. de alto, y fuerte como un roble. Creer o reventar, así dice el dicho no??

La etapa venía bastante dura y cansadora a tal punto que decidimos tomarnos un refresco a mitad de camino, a la altura de Santa Catalina de Zomosa , en un pequeño bar, con mesas puestas en su patio, y creo recordar que fue allí donde conocimos a un sr. de pelo muy blanco, con grandes patillas, y una modesta gorra, llevaba colgado del cuello una gran cruz Tau, hecha en madera.
Lo invitamos a tomar parte del descanso, y se presentó como padre Mario Brown cura franciscano. El también venía muy cansado y recuerdo que tenía algunos problemillas en sus uñas.
Alrededor de un buen plato de jamón, chorizos, salames y unos vinos tintos, confraternizamos agradablemente por un buen rato.
Congeniamos también en la charla con unos bicigrinos españoles, que estaban cerca de nuestra mesa, que muy contentos y no muy apurados pretendían llegar a Ponferrada.

Luego de un buen descanso, continuamos la marcha los tres, juntos por un buen rato, pero luego cada uno a su ritmo, nos fuimos distanciando uno de otros.
El padre iba adelante, un poco más atrás venía yo, y luego Carlos último y muy despacio, pues esa era su manera de caminar.
Salimos por la carretera vecinal 142 hasta alcanzar la senda peregrina que es de piedras muy pequeñas y en partes empedrada, con alguna subida bastante pronunciada y con mucha vegetación.
Esa etapa fue espectacular, pues comenzaban los bosques de pinos y a lo lejos se divisaban las montañas y los últimos 10 km. fueron de una subida muy dura.
Creo que fue por esos lugares que fui sorprendido por las cruces hechas con palos en un alambrado, por cientos de metros. El espectáculo era maravilloso y emotivo, había cruces de todos los tamaños, hechas con ramas, palitos, pedazos de madera, muchas con dedicatorias, me detuve a poner la mía, quedó tan bonita que hasta le agregué un ramo de flores silvestres.
Un poco antes de Rabanal, volvimos a coincidir los tres, y en un puesto de ventas de recuerdos, Carlos compra un bordón, pues venía sin el todo el trayecto desde Roscenvalles y mucho no le agradaba la idea, pero lo adquirió.
Llegamos muy cansados, pero descubrí en Rabanal un pueblo muy acogedor y bonito, sobre todo su albergue Refugio Gaucelmo, a donde decidimos parar a dormir.

El albergue estaba atendido por dos simpatiquísimas mujeres, una francesa y otra alemana, que hablaban algo de español. Me ubicaron en una cama muy cómoda, provista de frazadas y con un baño de primera calidad.
La cocina de este albergue es digna de nombrar, pues tiene constantemente café y galletas para los peregrinos.
Además tiene un jardín en los fondos muy grande, cálculo que de unos 400 mts cuadrados, con su césped muy bien cuidado, con frutales y con reposeras para descansar. Francamente un lujo que aprovechamos.
El padre Brown se instaló en la Casa Parroquial, que es muy vieja y hermosa, pues iba a dar una misa, a la que asistimos muy emocionados. Luego cenamos en un bonito restaurante llamado "El Refugio" y tras una comida suculenta y muy amena y regada por buen vino, decidimos ir a dormir, pues nos esperaba una etapa todavía más dura.



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MIS 10000 KMS. A SANTIAGO (parte 3)



Rabanal del Camino - Ponferrada


Día 9 de mayo
Kilómetros recorridos 31

La noche fue terrorífica por los ronquidos, a tal punto que siendo las 5.30 de la mañana decidí levantarme y justo al mismo tiempo mi amigo brasilero también lo hizo.
Al bajar a desayunar, las hospitaleras me informan que Carlos ya se había marchado y que me esperaba más adelante, por lo que me tomé mi tiempo para un buen café con leche y tostadas.

Salí de noche y con la linterna, buscaba mi primera flecha, cuando encontré a otro peregrino y lo seguí, el silencio de la madrugada era atronador, y lo único que escuchaba era el sonido de mis pasos entre las piedras.
Los colores de las nubes a medida que amanecía, se iban tornando del naranja al amarillo intenso, suponía que iba a ser un día muy bonito.
Comencé siempre subiendo y la etapa se presentaba muy dura, debido a que se llega al punto más alto de todo el camino, pero por otro lado iba muy ilusionado con mi piedra, y dispuesto a ver con mis ojos esa famosa cruz que tanto había oído hablar.
Al padre Brown no lo había podido ubicar, así que no sabía por donde andaba.

Al llegar Foncebadón, logro alcanzar a Carlos y juntos emprendemos la subida a la Cruz de Fierro. La mañana se presentaba muy cálida, y con el sol a media altura, ya se pronosticaba que iba a hacer calor, por lo que nos detuvimos y nos sacamos algo de ropa que llevábamos de más. Muy a la distancia se divisaba la cruz y la emoción que me embargaba hacía que se me humedecieran los ojos. De frente al monumento más famoso del camino, andábamos en silencio con la vista alta mirando la cruz, y faltando 50 mts. y con la piedra en la mano, preparado para cumplir la tradición jacobea, no pude soportar más y me largué a llorar como un idiota. Al llegar, me quedé parado, atónito y mirando hacia arriba la pequeña cruz que había en lo alto, subí la gran pila de piedras y puse la mía, que había traído de Mar del Plata y que tenia escrito el nombre de Vane, y até a la cruz mi cinta Argentina con un pedido para Santiago, me arrodillé y recé por unos minutos, y luego nos dispusimos a seguir.

Continuamos por un rato en silencio, pues no podíamos hablar de tanta emoción, hasta que el sonido de unas campanadas invade el ambiente dándonos la bienvenida a Manjarín, peculiar refugio del último templario llamado Tomás.
Eso fue para mi una sorpresa, que a esas alturas pueda haber gente tan amable. Nos dieron café y biscochos.
Con curiosidad veo, estantes llenos de libros, una cruz tau, una réplica de una espada, y varias cosas más que me llaman la atención, y luego de compartir alguna charla con otros peregrinos, nos dispusimos a continuar, pues ahora el camino se presentaba en continuas bajadas.
Esas bajadas las recuerdo como muy bravas, sobre todo en una parte que el sendero se angosta y parece que caminamos entre unos desfiladeros, llenos de piedras, que se nos hacía difícil mantenernos en pié. Imprescindible y de gran ayuda en esos momentos mi bordón argentino.
El paisaje era estupendo, el día no podía ser mejor, y las montañas se veían a lo lejos con sus puntas nevadas, eso era el paraíso.

De golpe y en pronunciada bajada, nos encontramos con un pueblo colgado de las alturas que se veía con sus techos de pizarra negros, era El Acebo, el primer pueblo de la región de El Bierzo, una preciosura. Pasamos por su calle principal, que es de una belleza pocas veces vista y nos dirigimos a un bar, en donde luego de sellar, nos tomamos una cañita y un buen emparedado de jamón.
Lo que más me llamó la atención de este pueblo, es que sus casas tienen en su gran mayoría sus escaleras del lado exterior.
A la salida hay una estatua de una bici, que recuerda a un peregrino muerto en un accidente y continuamos viaje hacia Molinaseca.
Pasamos luego por Riego de Ambros, otro típico pueblo de El Bierzo, y me doy cuenta que en sus montañas ha habido grandes incendios, no hace mucho tiempo.
Siguen las pronunciadas bajadas y duelen las rodillas y las puntas de los dedos. Carlos trae los talones a la miseria y se retrasa un poco, pero yo lo espero, pues no hay ningún apuro.

Por fin divisamos Molinaseca, y cruzando un lindo puente sobre un río de aguas cristalinas, embocamos su calle principal, en donde paramos a tomar un refresco.
La decisión se hacía difícil, pues este pueblo tiene más de 30 bares, para sus casi 600 y pocos habitantes.
Así que nos decidimos por uno que tenía unas mesas sobre la calle, con unas sombrillas muy pintorescas, nos acomodamos, desatamos las zapatillas, y sacamos de mi mochila, unas latas de pulpo y mejillones, que había comprado un par de días antes y junto a Carlos nos despachamos con un almuerzo pipón, bien regado esta vez, con una jarra de cerveza de un litro cada una. Eso era la gloria. Nos puso el sello, el dueño del bar llamado Félix, muy agradable.

Al continuar nos dábamos cuenta que las casas, todas tenían en sus puertas sus escudos nobiliarios, cosa que no habíamos visto en otros lugares.
Saliendo del pueblo, encontramos un albergue muy bonito, con parte de sus camas debajo de un gran alero y al aire libre, sellamos, hablamos con su hospitalero Félix, aunque no podía y además suponemos que no quería disimular sus modales amanerados, nos atendió como una señorita.
A pesar de los 6 kms. que nos quedaban de la etapa, estos parecían algo más fáciles, y aunque Ponferrada se veía lejos y en una constante bajada, llegamos a media tarde los tres juntos, el padre Mario Brown, Carlos el brasilero, y quien les escribe, después de dar bastantes vueltas.
Entramos a la ciudad, dejando a un costado el hermoso castillo y nos instalamos en el albergue El Carmen, en unas habitaciones de 4 peregrinos cada una, que hasta el momento éramos solo dos, por lo que nos esperaban pocos ronquidos y descanso seguro.
Los baños, como siempre muy buenos y limpios, con unas duchas muy calientes.
Luego a lavar la ropa en un lugar especial con unos tendederos muy amplios y a pesar que era un poco tarde, el sol todavía podría hacer su tarea de secarme la camiseta y la camisa.

El padre nos avisa que daría una misa en la capilla del albergue y que si queríamos concurrir alrededor de las 19 hs.
A esa hora junto a Carlos entramos a la capilla, y el padre ya vestido con sus ropas para dar misa nos da la bienvenida.
En un momento del acto, y con la Biblia en sus manos, el muy pillo del padre señalándome, y sin avisarme me instó a que pasara al frente y me conminó a leer un párrafo.
En ese momento me dio un poco de vergüenza, pero luego me relajé y no podía creer las experiencias que estaba teniendo, parecía que todo lo que estaba viviendo era un sueño, que me estuvieran pasando estas cosas, tan sencillas y tan llenas de emoción.
Luego de la misa, le pregunté al padre, haciéndome un poco el enojado, porque me había llamado justo a mi, y el me respondió sonriendo, y con ese acento medio yanqui, porque eras el único que hablaba español.

Nos preparamos para ir a cenar, y nos dirigimos hacia el centro de la ciudad, disfrutando su castillo templario tan imponente, que están restaurando, y luego de recorrer varias calles nos instalamos en un restaurante, que tan gentilmente su dueño abrió para nosotros, pues era temprano. Nos preparó unas chuletas con papas fritas y huevos fritos que sabían a gloria, y nos recomendó un vino tinto que era una delicia, del cual hicimos gran honor.

De regreso al albergue, sentí que mi pierna, en la zona tibial, estaba un poco más inflamada y notaba que me dolía bastante, por lo que me puse un poco de hielo, y tomé un antiinflamatorio, previniendo cualquier complicación por una tendinitis.
Por ahora los pies estaban perfectos, eso me daba mucha satisfacción, pues era lo que más temía, pero siguiendo los consejos del foro, los cuidaba mucho y me cambiaba las medias cada vez que podía, y eso evitaba que se me humedecieran y la piel se ablandara, produciendo las ampollas.
Nos acostamos, y luego de algunos minutos de charla, de cama a cama, hicimos silencio, y repasé todo lo intenso que había sido ese día, y la emoción vivida en la Cruz de Fierro, que de pensarlo se me humedecían los ojos. Fue un día maravilloso.
Luego me dormí profundamente.



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Ponferrada - Trabadelo


Día 10 de mayo, miércoles
Kilómetros recorridos 32.5

Cerca de las 6 de la mañana nos dispusimos a partir, y nos encontramos en la planta baja con el padre Brown y con Carlos Gradin.
A poco de tomar un café a las apuradas, nos dimos cuenta que Carlos, como siempre ya había partido primero.
Al salir desembocamos en un cruceiro muy iluminado que nos recibe en el medio de la calle, y siguiendo la flecha, nos dirigimos hacia unas calles en bajada por escaleras oscuras hasta desembocar en una avenida bastante ancha, donde se inicia la etapa.
La salida de Ponferrada, es como en toda ciudad grande, bastante aburrida, pues se transita por núcleos urbanos y a esa hora de la mañana, lo único que se veía, como en otras oportunidades, era a los empleados del municipio limpiando las calles a pura manguera.
Una linda fuente con grandes chorros de agua conmemorando unos no se que de pimientos nos saluda a nuestro paso y se lee en un lado " En recuerdo de las huertas y homenaje a los pimientos de Ponferrada" muy raro pero bonito.

Mi camino transita siempre por la ruta nacional, pero como tiene una senda o vereda, prácticamente no hay peligro a pesar que hay muchísimo transito.
A poco de caminar, pues son casi 3 kms. llego a Columbrianos, y nuevamente me encuentro con Carlos y decidimos desayunar en un bar que recién abría.
Junto a nosotros llegan tres italianos, como siempre muy gritones y berborrágicos, que hacían el camino con un Alfa 156 como vehículo de apoyo y para colmo se jactaban de la proeza, pues mientras dos caminaban el otro manejaba, luego cambiaban hasta rotar los tres, y así sucesivamente. Pensé, no estoy de acuerdo, pero cada uno lo hace como quiere.

Continuamos fácilmente pasando Fuentes Nuevas , desde aquí el camino se hace un poco más agradable, pues se deja la ruta y nos metemos por montes de árboles y campos con vides, y el sendero es bastante llano, con pendientes no muy pronunciadas y con pocas piedras, y aunque la pierna seguía molestándome, no le doy importancia. Estoy tomando un antiiflamatorio cada 6 horas, previniendo cualquier complicación.
Luego se cruza la carretera por un puente y nos metemos nuevamente por hermosos viñedos con ganas de florecer. La cantidad de peregrinos va en aumento, y constantemente entablamos cortas charlas o deseamos buen camino al que cruzamos. Algunos contestan otros son sordos.

Llegamos a Cacabelos, al que se llega en pequeña pendiente hacia abajo y descubrimos un hermoso pueblo, con portales y balcones de madera, pero bastante mal cuidados y a punto de caerse y lo que me llamó la atención, muchos carteles de venta. Dicen que en este lugar existe un restaurante que no te sirven la comida te la echan, pero no recuerdo su nombre. También me llamo la atención un gran nido de cigüeña en el campanario de la iglesia de Ntra. Sra. De la Plaza.

Saliendo de este pueblo retomamos nuevamente la ruta y pronto se llega a Pieros, un muy pequeño pueblo, que se deja a un costado.
Nuevamente caminamos por tierra y a los pocos kms. entre árboles frutales entramos a Villafranca.
Pasamos delante de la iglesia de Santiago y del cementerio, y al momento llegamos al albergue Ave Fénix de Jato, en donde sellamos y Carlos se quedaba a pasar la noche. Tomamos unos jugos de naranja que tan gentilmente nos ofrecían, nos sacamos unas fotos y decidimos ir a almorzar al centro.
El pueblo es uno del más bello, y en su plaza central nos ubicamos en una terraza a disfrutar del sol del mediodía. Luego de una frugal comida nos despedimos muy tristemente, pues yo pensaba seguir, y seguramente sería difícil que nos volviéramos a encontrar, cosa que sucedió finalmente. Fue un abrazo corto, pero muy fuerte, con sentimiento, y aunque Carlos es un tipo que no parece efusivo, sentí que también estaba emocionado.

Otra vez solo.

Seguí mi camino y pase por un castillo que se veía muy señorial a las afueras de Villafranca, y cruzo todo el pueblo entre sus calles empedradas y luego de 3 km. se llega a la ruta nacional 6. Se cruza ésta a la altura de un imponente túnel de casi 500 metros de largo, y hay que tener cuidado, y mirar bien, pues los vehículos pasan a gran velocidad.
La senda es perfecta, 13 km. asfaltados de color amarillo, y expresamente construida para los peregrinos, que a veces es un poco inclinada y mi paso se hace muy extenuante e incómodo, debido al dolor que estoy soportando.
Descanso cada tanto, y a pesar que el paisaje es bonito, y transcurre al costado del río Valcarcel, que se cruza varias veces, y con buena sombra de frondosos árboles de castaños. No veo la hora de poder llegar al albergue.
Sigo por ese sendero, sufriendo pues noto que el dolor es cada vez más intenso y hago paradas continuas, tratando de no forzarme y a la vez disfrutar del panorama, que si bien era de mucho asfalto, también existía la posibilidad de hacer descansos a la vera del río, y meditar y tirarme de los pelos, que había sido un error no haberme quedado en Villafranca, pero a lo echo pecho.

La primera localidad es Pereje, un típico pueblo suspendido en el tiempo que supongo no debe tener más de 70 habitantes, muchas de sus casas abandonadas y no se tarda más de 5 minutos en recorrer su calle principal.
Mientras pasaba, veía a su gente, mujeres y hombres, enfundados en sus ropas de trabajo, arar la tierra con bueyes, y arados de madera, me parecía imposible lo que estaba observando.
Luego de unos pocos kms. , cansado y con la pierna muy inflamada, llegué a Trabadelo y al pasar frente al Albergue de Peregrinos, no lo dudo, y pregunto si hay alojamiento. Francamente es un lugar muy bien puesto, con habitaciones de 4 camas, con buenos baños con agua bien caliente, buen bar e internet, y máquinas de lavar en su sótano. Una hermosa terraza que da hacia la ruta nacional, con bancos, invitan a tomar el sol de esa hermosa tarde.
La señora que atiende, bastante bien dispuesta me cobró 4 euros y me dio una tarjeta para que pudiera cenar en un restaurante de las afueras del pueblo con un descuento del 10%.
Luego de darme una reparadora ducha, decidí usar la terraza para descansar, tomar mi antiinflamatorio y ponerme hielo en la pierna. Sorpresa al por mayor, me encuentro llegando al Padre Mario Brown, exhausto y maltrecho con las uñas de los pies destrozadas. Que alegría tan inmensa. Charlamos un buen rato, y hasta dormitamos como sapos al sol.

Antes de cenar, fuimos con el padre hasta un pequeño templo dedicado a San Nicolás, pero lamentablemente estaba cerrado.
A la hora de la cena, se nos unió José Antonio, un peregrino vasco, muy agradable, que me recomendó, que tenía que tomar mucho líquido para evitar que siguiera inflamándoseme por demás la pierna, y también otro peregrino holandés, que no hablaba ni jota de español, a tal punto que llevaba un diccionario, pero como el padre Brown hablaba perfectamente inglés, nos traducía a todos.
Fue una velada por lo demás muy agradable.
De vuelta al albergue, planeamos con el padre a que hora salir. Nos acostamos muertos de cansancio y dormimos como niños, sin ningún ronquido extraño, eran todos conocidos, ja jaja



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Trabadelo - O Cebreiro - Alto do Poio


Día 11 de mayo, jueves
Distancia recorrida 28 km.

Después de dormir muy bien y desayunar, salimos a las 7 horas.
La mañana aparecía espléndida, con un amanecer y un sol sobresaliendo de las montañas. El camino se presentaba bastante duro y con mi pierna que me molestaba, presagiaba que no iba a ser una caminata sencilla.
Encaramos la calle principal buscando la primera flecha, y salir del pueblo no nos demandó más de 5 minutos.
Otra vez al sendero que era bastante llano y con muchos árboles.
El padre, que siempre por la mañana se detenía por cuestiones del estómago, varias veces al día, me regañaba que yo lo esperaba, y me decía que siguiera, pero a mi me daba lástima, pues sufría de un problema crónico de diarrea el pobre.

Con mi paso mucho más lento, me quedé atrás y perdí al padre de vista antes de La Portela. Poco después de este pueblo se toma la carretera comarcal que va a Vega de Valcarce. El tráfico disminuye y vuelvo a disfrutar de lleno de la naturaleza y en la paz que se siente.
Pronto se llega a Ambasmestas, y a esta altura mi pierna no soportaba más, y hacía continuos descansos para poder dar el tramo final al O'Cebreiro. Mientras tanto una bandada de niños de un colegio me pasaban raudamente, alegrando con sus gritos el inmenso silencio que reinaba.
Siguiendo el asfalto contemplo sorprendido a mi frente, un impresionante nudo de puentes a distintos niveles, y los camiones que pasan sobre el, parecen de juguete de lo pequeños que se ven. Una obra realmente imponente.

A los pocos minutos estoy entrando en Vega de Valcarce. Allí decido hacer un alto y comer algo, cambiarme las medias y logro conseguir algo de hielo para mi pierna.
A poco de continuar, cruzo otro viaducto, que calculo debe tener más de 60 metros de altura, y llego a Ruitelan, luego siempre por la ruta y en leve ascenso camino entre hermosos bosques de castaños y después de un par de kms. se pasa por Herrerías.
Estos son pueblos de poquísimas viviendas y se transita en medio de las casas, de los tambos y muchas veces el camino se llena de bosta, de las vacas que transitan continuamente. Parece mentira, que a estas alturas de la vida, pueda vivir gente de esa manera, tan rudimentaria.

Poco después de Las Herrerías el camino se torna en subida y difícil y comienzan la primeras sendas gallegas, cubiertas de hermosos árboles.
Hago más lento el ritmo, pues temo que mi pierna no aguante, curva a la derecha y subida, curva a la izquierda y subida, subida, subida subida... . pero todo se ve recompensado con la belleza del paisaje.
Me detengo unos minutos a charlar con un hombre de campo que iba acompañado por un pastor alemán, con una cara, el perro, que metía pavura. Me dijo que no tuviera miedo, que estaba vacunado y asegurado, lo que me causo risa, y me comentó que había una ordenanza que así lo requería, lo que no me garantizaba era que no me mordiera. Le pregunté cuantos años tenía, pues por la pinta de sufrido, le daba como 70, y me contestó muy orgulloso que ya tenía 58. Cosas y sufrimientos de la gente de esa zona.

Caminaba tranquilamente, cuando me alcanza un peregrino muy gordo, con una mochila que, de tan pesada que se veía, la llevaba de costado, pero se notaba que venía a muy buen paso y alegre. Al pasar al lado mío, y desearme buen camino, intercambiamos pequeños comentarios, como, ¡qué calor!, o ¡faltará mucho! Y cuando le pregunto de donde procedía, en un buen español y muy tranquilo me dijo que de Holanda, y que hacía tres meses que estaba caminando, y que era muy fácil hacerlo, que solo había que caminar 7 días y luego 7 días y así sucesivamente, entendí perfectamente su ironía.

Más tarde, subía muy lentamente por La Fava, cuando nuevamente me encuentro con los alemanes de las bicicletas. La señora iba última empujando con gran trabajo su bicicleta, en un sendero ahuecado, en subida pronunciada y lleno de piedras, e imposible de andar, por supuesto que traté de ayudarla y me dijo que estaba muy descompuesta del estómago, su esposo, que al verme gritaba con alegría, ¡hola porteño!, ¡hola porteño! Sorprendido porque lo había alcanzado en la caminata. El, que con gran esfuerzo, llevaba su bicicleta unos 100 mts cuesta arriba, luego bajaba a buscar la de su esposa y la llevaba hasta donde estaba la suya y así varias veces, y sin perder la compostura ni su alegría, no lo podía creer. Además no me dejo que lo ayudara.

Nuevamente logro juntarme con el padre Mario Brown, y por unos kilómetros andamos juntos. A partir de esta etapa la conversación con el cura se torna inolvidable, hablamos de diversos temas, y me cuenta que sus padres son irlandeses y que se fueron a vivir Estados Unidos. El padre era peón en la industria del petróleo, es decir andaba por las torres en el medio del campo, creo que en Arkansas, no estoy bien seguro.
Y según me cuenta eran muy humildes, de un padre muy estricto, y el muy apegado a su madre, pero nunca pasaron necesidades.
Tenían la costumbre de, uno poner la mesa, el otro la levantaba y otro lavaba los platos, mientras su madre y su padre se quedaban haciendo sobremesa, pues era el único momento del día en que podían estar juntos, pues el sr. trabajaba hasta muy tarde.
Por otro lado me comentaba que iban a misa los domingos todos juntos.
Cuando decidió estudiar para cura, su padre lo tomó muy bien, a tal punto que lo alentó, cosa que según me dijo eso lo alivió mucho.

Llegamos al hito que separa Galicia de León, nos sacamos unas fotos, y suponíamos que el final de la etapa, estaría a la vuelta de la esquina.
Que equivocados que estábamos, subimos una montaña, y detrás había otra, y otra más, y de un lado precipicios interminables, verdes, hermosos.
Parado en unos de los peligrosos bordes y mirando sorprendido semejante paisaje, pegué el grito más grande que me pudo salir ¡¡¡¡huaaaaaaaaaaaaaaaaa!!!!! como si en él me fuera la vida, fue una sensación de libertad tan inmensa que todavía lo recuerdo como si lo estuviera viviendo. El eco contestó mi grito y Mario reía con alegría.
Antes de llegar a O'Cebreiro, perdí nuevamente a Mario, así que llegué solo, extenuado, con mi pierna al hombro, pero satisfecho por semejante lugar, y por lo que me costó lograrlo, y porque había salido como lo había planeado desde Argentina cuando preparaba el viaje.
Estar en O'Cebreiro me parecía estar soñando, vas a tocar el cielo con las manos, me decían en el foro, y era cierto, estaba en el cielo, estaba en las nubes, literalmente hablando.
Esa subida fue épica, francamente era para bajar y subir nuevamente.
Luego, al no encontrar a Mario, y como era mediodía y eso estaba atestado de gente, fotos mediante, decidí continuar.

Dejando la última casa, parte un camino de tierra que, tras un corto ascenso por el monte Pozo de Area, desciende muy lentamente entre bosques de pinos y el sendero por el cual transitaba tenía bastante barro, pues a pesar de que había sol, se notaba que había llovido en la noche. Medio desorientado, pues no veía ninguna flecha, continuaba la marcha y observaba espectaculares paisajes, y pueblos que en la distancia se veían pequeños con sus techos de pizarra.
Supongo que puede ser Liñares y el camino luego de una bajada me lleva hasta el pueblo. Efectivamente era Liñares, paro descanso de 2 minutos, lleno la botella de agua y hago pis.
El que piensa que una vez llegado a O'Cebreiro está todo hecho, se equivoca por completo, y eso era lo que pensaba, todavía me quedaba el Alto de San Roque en donde tomé una foto en ese monumental estatua al peregrino y Alto do Poio.

Este tramo y hasta Hospital de la Condesa, se camina por bastante asfalto, bajando de tanto en tanto por alguna senda bien marcada y tranquila, en donde siempre hay algún albergue o posada, donde tomar un café o reponer la cantimplora de agua.
Llegando a unos de estos sitios vuelvo a encontrarme con Mario, y pasamos, creo, porque no recuerdo bien, por Podornello en donde hay una pequeñísima capilla, en donde hay que entrar prácticamente agachado, una verdadera reliquia. En estos lugares el padre Brown se quedaba extasiado, y como no llevaba cámara de fotos, parecía que quería guardar todo en su memoria.
El último tramo, que serían unos 500 ó 600 mts. fueron de una endemoniada subida, sumamente empinada, entre piedras y bostas de vaca, me dije, hay que tomarlo con calma y a pesar que el dolor de mi pierna era prácticamente insoportable, mi estado de alegría, embeleso y satisfacción nunca decayó, al contrario, me daba fuerzas para llegar.
El Alto do Poio, lugar que se encuentra un poco más alto que O'Cebreiro, fue para mi un oasis. Es un bar-restaurante que detrás de su edificación tiene una gran habitación con camas cuchetas nuevas con dos buenos baños, buenos colchones y frazadas y muy limpio. Lo regentea Remedios y su empleada Rocío, una joven muy atenta.
Llegamos a media tarde, nos instalamos inmediatamente, pues preveíamos que llegarían mas peregrinos, debido a había mucha gente caminando.

Baño y lavado de ropa de rutina, nos dedicamos a descansar en la terraza del bar, en unas mesas con sombrillas que hay pegadito al filo de la montaña, con unas vistas de ensueño, mientras el padre Mario en otra mesa, tomaba apuntes en su libreta.
Estaba recostado con las piernas puestas en otra silla, poniéndome hielo en mi hinchazón, cuando de repente siento un grito a viva voz ¡porteñooooo¡, eran mis tres amigos alemanes, que muy contentos y cansados subían a pie.
Hablamos siempre en el medio del padre Brown, que me hacía de intérprete, un buen rato, y se decidieron a seguir viaje. Hubo de efusivos abrazos, fotos y la esperanza de volvernos a ver, cosa que lamentablemente no sucedió.

La tarde se hizo bastante larga, pues no teníamos nada que hacer, ni había donde ir, por lo tanto estuvimos de tertulia agradable con el padre, mientras curaba sus uñas que las tenía bastante mal, sobre todo las del dedo gordo, que hasta parecía que estaban infectadas.
Su charla era tan amena y tan sutil, que cuando contaba algo, siempre me daba algún consejo, ya sea sobre como comportarme en la vida, o como comportarme en el matrimonio.
Me contó que tiene su misión franciscana en un pueblo que se llama Santa Ana, en plena selva peruana, junto a sus "hijos indios" y que para llegar a destino tiene un día de viaje en canoa.
En una oportunidad, y que para que su misión progresara, tenían que abrir en plena selva una pista de aterrizaje, de unos 500 mts. Para que un pequeño avión pudiera aterrizar.
Comenzaron a pico y pala, y cada tanto se encontraba con algún inmenso árbol, que tardaban días en arrancarlo del lugar. Pensando como podían hacer para acelerar el trabajo, se le ocurrió comprar un tractor, pero no sabían como traerlo a la selva. Pues fueron al pueblo, a la agencia más cercana, y hablando con el dueño, el cura le explicó que necesitaban esa fundamental herramienta. El dueño de la agencia, no podía creer lo que estaba escuchando, y que era imposible llevar semejante máquina por río. El padre le informó que desarmaría integro el tractor para armarlo nuevamente, y este señor lo desafió a que si hacía semejante proeza, le cobraría la mitad del precio pactado. Pues Williams "Mario" Brown, cura tozudo, hizo 10 viajes en canoa para llevar el tractor y volverlo a armar. El dueño de la agencia cumplió lo prometido, le regalo el tractor y la mitad de otro.
Relatos como este y otros tantos, nutrieron mi viaje.
Debo aclarar que Williams es su verdadero nombre, y que cuando lo hicieron cura eligió el nombre de Mario, no recuerdo bien porque.

Volviendo al relato del Alto do Poio, llegó por fin la hora de cenar, y reunidos con Carlos un uruguayo, y dos mujeres españolas, cenamos caldo gallego, carne al horno y de postre queso de Cebreiro con miel, todo una exquisitez, siempre con vino tinto del Bierzo.
A las 21 hs. ya estábamos en la cama y con todo el equipaje preparado para salir bien temprano.



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Alto do Poio - Portomarín


Viernes 12 de mayo
Distancia recorrida 26 kms.

Nos levantamos a eso de las 6.30 de la mañana, el bar cerrado, a pesar de que Rocío había prometido abrir a esa hora. Me parece que se quedó después de hora con su novio, que anoche nos comentó que la visitaría, desde otro pueblo. Esperamos un rato, pero al ver que no había movimientos en el albergue, decidimos marchar. La perdonamos.

Tomamos la carretera hacia la derecha y cuesta abajo, mi pierna me decía que iba a tener un mal día, por lo que mi paso se hizo mucho más lento, lo que me permitía no tener tanto dolor, y a la vez observar mejor las bellezas del paisaje, pero por otro lado, caminaba solo y me perdía la compañía del padre.
Los 3 kms. hasta Fonfria caminamos casi juntos, siguiendo una vereda encima de la ruta asfaltada, bastantes piedras para mi gusto y luego a medida que mi lesión aumentaba, me iba retrazando y aunque el padre tenía intenciones de esperarme, le dije que nos veríamos en Sarriá.
Las pendientes eran más pronunciadas aún y el camino se hacía más difícil, así que opte por seguir el asfalto, pensando que sería más leve el dolor, era lo mismo y además me parecía que no era lo correcto.
Pasé por pueblos tan pequeños, que pienso que vivirían 3 familias, solo poblados de vacas que a esa hora están caminando por la senda, y uno tiene que esquivar vacas y bosta, bosta y vacas. Luego más poblados Filloval, As Pasantes, Ramil y el cruce de caminos, por Samos o por San Xil ?. Según mis amigos por Samos, no me lo puedo perder, el Monasterio vale la pena, y aunque no son tantos kilómetros de más, pienso en mi pierna y elijo San Xil.

Siguen las bajadas, la carretera sigue entre frondosos bosques de chopos y castaños y pequeños campos que la gente está trabajando. Pregunto a un tractorista cuanto falta para Calvor, cuando me dijo 5 kms. creí morir.
Me pasa una pareja de Ingleses y nos ponemos a charlar en bastante bien español. Son recién casados, muy jóvenes, cerca de los 30 el, y más joven ella.
No se por que deduje, que eran pastores evangélicos.
Sigo la marcha, me pasan 3 bicigrinos a mil por hora, que me hacen pegar un susto bárbaro. Tienen la mala costumbre de no avisar cuando pasan, y uno que va distraído, pega unos saltos que se te para el corazón, ¡&%X%, el insulto es irreproducible.

Desciendo hasta Montán, Furela y Pintín, siguiendo el asfalto entre robles centenarios mientras mi pierna dice basta.
El dolor era tan fuerte, que cada paso que daba, era un navajazo lo que me devolvía,... que hacer? Que solución tomar?... , descanso por unos momentos y pensando que estaba a un par de km de Sarria, resuelvo hacer auto stop.
Me pongo de pie, a la espera que pase algún vehículo, nada de nada, 15 minutos solo en el paisaje. Me siento de nuevo a la vera del camino, 10 minutos más, ..interminables, solo pasan autos en sentido contrario. 30 minutos, viene uno, me pongo de pie, hago las señas típicas con el dedo gordo, ... .ni me vió... .maledeto... .refunfuño para mis adentros.
Viene otro, hago señas, se detiene, un joven al volante me pregunta si voy a Sarria, asiento con la cabeza y me dice que suba, ufff que alivio. Me comenta que el hizo el camino, oh casualidad, desde Sarria hasta Santiago. Llegamos en contados minutos, estaba más cerca de lo que creía.
En eso lo veo al Padre Brown, caminando por la acera y como íbamos rápido y estábamos recién a las puertas de la ciudad, me bajo unas cuantas calles más adelante, a esperar que me alcance.

Me bajo justo en la puerta en un bar, en donde había un par de peregrinos alemanes descansando.
Me pido una caña, vaso grande, pido hielo para mi pierna, y espero a que llegue Mario. Pongo la pierna encima de otra silla, me remango los pantalones y lo que vi me asustó, tenía la pierna tan hinchada y tan roja, que hasta los alemanes se sorprendieron.
Impresionado y desconcertado por mi adelantamiento, Mario no entendía que había pasado, le expliqué mi decisión de tomar el automóvil, y juntos descansamos un buen rato tomándonos otra vuelta.
Volvimos al camino una hora después, yo con la decisión de ver a un médico, o descansar aunque sea un día, pues en ese estado no podía seguir, y tenía miedo de otras complicaciones peores.
Llegamos al centro, era mediodía y decidimos almorzar y replantearnos que hacer.
Resolvimos, viendo mi estado, y un poco sus uñas, tomarnos un transporte hasta Portomarin y descansar un día.
Fuimos hasta la terminal de micros, y el primero que salía demoraría 3 horas, así que consultamos a un taxista, regateamos la tarifa y nos llevó a destino.
Mientras iba en el taxi, me sentía doblemente mal, pues primero si no cuidaba mi pierna, mi viaje se podría arruinar definitivamente, y segundo porque estaba acortando unos kms. de una etapa que se presentaba hermosa. Estaba anímicamente cajoneado.

En contados minutos estábamos en Portomarin, pues son muy pocos kms. y el taxi nos dejó en la puerta del albergue municipal.
Este es un edificio muy moderno, muy blanco y muy limpio, inaugurado según una placa de bronce que figura en su interior, por Don Manuel Fraga Iribarne.
Ventanas grandes por todos lados, daban sensación de libertad, una cocina muy moderna para el que la quiera usar, muy pocos baños para tan tamaño albergue.
El hospitalero no estaba, así que sellamos y elegimos nuestra cama y sin bañarme, me acomodé en un sillón con la pierna arriba, pastilla antiinflamatoria y hielo por tres horas, mientras Mario visitaba la iglesia.

Eran cerca de las 4 de la tarde, la llegada de peregrinos era constante, y la cocina funcionaba a pleno.
De pronto escucho a un peregrino hablar por teléfono con un acento muy particular, que a estas alturas no me sonaba extranjero, y sobre todo al pronunciar un par de modismos nuestros, por supuesto que era argentino.
Nos presentamos, no recuerdo su nombre, vivía en Madrid, y decidió hacer el camino sin prepararse, con un vetusto e inadecuado calzado de calle y con una mochila que era para la guerra y ahora estaba más que arrepentido por todos los dolores que soportaba.

Cerca de las 20 hs. decidimos ir de compras para preparar una cena en el albergue. Mi pierna se había desinflamado un poco, lo que me permitió caminar un par de cuadras sin sufrimiento, pero con unos pinchazos que me hacían recordar lo que tenía.
Compramos unas chuletas de ternera gallega, unos spaghetti, tomates, vino y pan, dimos una vuelta por la plaza del pueblo, pasamos por sus bonita iglesia y caminamos bajo las arcadas de sus veredas, disfrutando de tan lindo pueblo.
De regreso, y en una cocina eléctrica muy moderna, cocinamos como un chef gallego, y mientras se asaba la carne, compartíamos el vino con la charla siempre tan interesante del cura amigo. Tuvimos una cena súper agradable, y una vez terminado el negro líquido elemento, nos dispusimos ir a la cama, pensando en descansar lo mejor que pudiéramos y deseando recuperarme lo antes posible.



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Portomarín - Casanova


Sábado 13 de mayo
Kilómetros de la etapa: 30

Acostumbrados a levantarnos temprano, nos despertamos casi al mismo tiempo, a pesar que en la larga habitación bastante completa de peregrinos, no se escuchaban ruidos, y solamente un par de ellos estaban ya casi cambiados, dispuestos a marchar.
Nos miramos como diciéndonos, que hacemos, nos quedamos la mañana descansando en el albergue, o marchamos de inmediato. Creo que no hubo palabras, solamente cruzamos la vista y de un salto estábamos al pie de la cama. Logramos ubicarnos pronto en el baño, pues como comenté, solo hay dos, y la cola era interminable.
Como no teníamos nada para desayunar, preferimos ir hasta la plaza del pueblo y en un lindo bar llamado Posada del Camino, nos tomamos sendos cafés con leche, con varias tostadas con manteca y dulce, me tome mi pastilla para la pierna, sellamos y nos dispusimos a proseguir, poniéndonos de acuerdo, de caminar lentamente y descansar cuando alguno de los dos lo requiriera.

En un día bastante nublado, iniciamos la etapa, por su avenida principal, que me llamó la atención por su nombre de Fraga Iribarne (merecido homenaje en vida) que sale del pueblo, e inmediatamente tomamos una curva, volviendo para atrás para cruzar un puente peatonal, sobre un brazo del río Miño. Un poco más adelante encontramos un puente para vehículos, y elegimos una senda en una bifurcación que ascendiendo nos llevará durante 4 km. hasta el primer pueblo de Toxibó.
Este tramo se hizo extremadamente en subida, y presagiábamos que no iba a ser una etapa fácil, pero el caminar despacio, nos venía muy bien, por nuestras lesiones y además nos obligaba a mantener largas conversaciones y a disfrutar de esa senda, cuyos árboles frondosos formaban un hermoso túnel húmedo y gris prohibiendo la entrada de luz, o algún rayo de sol que tímidamente quería salir, por lo que aún ascendiendo, sentíamos un poco de frió. A la derecha una pendiente nos permitía ver un valle enormemente verde, y solo disfrutábamos a esa hora de la mañana del gorjeo de los pájaros.

Pasando Toxibó y pocos kms. más pasamos Gonzar en donde hay otro buen albergue municipal, y en menos de 10 minutos entramos en Castromayor en suave subida, luego pasan Hospital de la Cruz, donde hacemos un pequeño recreo y tomando una carretera vecinal llegamos a Ventas de Narón, y seguimos por unos cuantos kms. en fuerte subida, entre matorrales de retama, que me imagino el color que deban tener en primavera.
Al llegar al final del ascenso, el camino comienza a bajar y se pasa por Lameiros en donde quedamos atónitos frente a un cruceiro muy hermoso, uno de los más lindos que he fotografiado.
Calculamos que nos faltan unos 5.5 kms para Palas de Rei, y decidimos parar a comer en esa ciudad.

Cerca de las 13 hs. entramos acompañados por a una peregrina alemana, que encontramos un par de kms. atrás, y que se llama Ingrid, de unos 30 años, que venía caminando sola y llegados al centro de la ciudad nos propusimos los tres descansar y almorzar. En una mesa en la vereda, cerveza y hielo para mi pierna, fue lo primero que pedí.
Spaguettis con atún de primero, pulpo de segundo, y torta de Santiago de postre.
Insistimos a Ingrid que pidiera lo mismo que nosotros y así lo hizo, pero por lo visto, no conocía los pulpos pues revolvía con el tenedor separando los tentáculos decía que le daba asco de solo verlos con sus ventositas.
Como no hablaba nada español, el cura siempre hacía de traductor y contó que hacía el camino, debido a que estaba un poco deprimida a causa de un amor no correspondido.

Luego de un buen rato, creo que pasamos más de una hora sentados almorzando, y yo con hielo siempre en la pierna, y pastillita antiinflamatoria, decidimos seguir, pues el día estaba propicio, había salido el sol, y si bien estábamos doloridos, nos sentíamos un poco mejor que ayer.
Ingrid decidió quedarse y nosotros preferimos y nos animamos a seguir hasta Ponte Campaña unos 5 kms. de Palas de Rei en donde según la guía que llevaba había un lindo albergue.
Dimos alcance a una linda y joven peregrina suiza de unos 35 años, llamada Carmela Alpi que venía desde Roscenvalles y como solo hablaba ingles e italiano, se dedicó mientras caminaba a conversar con el padre Mario.

Lo increíble que a partir de aquí, los pueblos se suceden cada 500 mts. Y prácticamente a la salida de uno se ve el otro, y el camino se torna suave.
La primera aldea que cruzamos fue Carballal de Arriba y casi pegada y descendiendo vemos Carballal de Abaixo, seguimos descendiendo entre sombras de hermosos robles y eucaliptus hasta San Xulián, un caserío muy pequeño, luego una casa solitaria y en un instante Ponte Campana.
Llegamos al albergue y Carmela dispuso quedarse, pero como a simple vista nos pareció bastante malo y caro, nos arriesgamos a seguir hasta Casanova, pensando que hallaríamos algo mejor.

Hicimos solo 1 km. Y esta aldea de apenas unas cuantas casas, dispone de un albergue municipal, que es digno de nombrar y al estilo Fraga, como les gusta decir a los gallegos.
Es un autentico lujo parar en esta localidad, pues el albergue es muy moderno, con un comedor en la planta baja, con cocina y baños flamantes, local con lavadora y secadora y las dos habitaciones están en el piso superior y cuentan con 8 camas cuchetas cada una. Todas las habitaciones tienen calefacción, buenos colchones y frazadas. La hospitalera, no muy amable, es vecina del lugar.
Baño bien caliente imprescindible, lavado de ropa junto con la de Mario en la lavadora, hielo en la pierna, y descanso en los bancos que hay en el jardín hasta la hora de la cena.

Compartimos el albergue con muy pocos peregrinos, todos ellos alemanes y franceses que no hablaban o no querían hablar español, por lo que me puse a observar al cura como colgaba su ropa y pensaba que uno se prepara con el mejor equipo para hacer el camino, y la indumentaria del sacerdote era de lo más austera.
Tenía un par de zapatillas de tenis muy gastadas, a tal punto que casi le sale el dedo gordo por la punta, unos par de pantalones tipo de trabajo, una camisa gruesa leñadora, un rompevientos que siempre llevaba colgado a la cintura y un sweater de lana que debía ser de la primera guerra, de repuesto otra camisa, ropa interior, demás bártulos y utensilios de aseo, todo en una precaria y modesta mochila escolar que colgaba solamente de los hombros.
Y yo me decía, hace falta que hagamos tanta pinta, si al final estamos en el mismo lugar y disfrutando los dos de lo mismo. Cosas del voto de austeridad que tienen los franciscanos, y me imaginé y cosas de la sociedad de consumo volvi a imaginar.

A la hora de cenar, cerca de las 7 de la tarde, buscamos donde obtener algo para cocinar, y consultada la hospitalera, nos informa que en la aldea no hay nada para comprar, y que si queremos cenar, tendremos que volver sobre nuestros pasos 1 km. hasta el albergue que no quisimos parar. Fastidiados y con hambre, marchamos en un sendero cuesta abajo, con lugares con bastante barro y saltando de piedra en piedra para no mojarnos con un pequeño hilo de agua que corre en la senda. Al llegar al albergue, y pasar a su interior nos sorprendimos por su belleza.
Hacía un rato lo habíamos despreciado por su fachada, y ahora estábamos alabando su interior, que equivocados que estuvimos.
Su hospitalera muy amable nos recibió con una copa de vino, mientras encargábamos la cena.
En eso hizo su aparición Carmela y la invitamos a compartir nuestra mesa. Fue una velada muy agradable y una comida exquisita, pues tomamos un riquísimo caldo con verduras y chorizos, luego una carne de cerdo asada con ensalada de tomates y por último queso y dulce, invariablemente acompañado con un buen vino tinto.

Nos despedimos de Carmela, la que nunca volvimos a ver, y regresamos de noche, alumbrados por mi linterna, que por suerte me acordé de llevar.
Llegados al albergue, hicimos un pequeño plan de la etapa siguiente, y coincidimos que llegaríamos a Arzúa, una etapa corta de tan solo 23 kms.
Acomodados en las cuchetas y bien abrigaditos nos dispusimos a dormir.



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Casanova - Arzúa


Domingo 14 de mayo
Etapa 28.7 kms-

Casanova es, según leí en una guía, el último caserío habitado de Lugo.
He dormido bastante bien, pues la habitación con el calefactor prendido a media máquina, estaba perfecta.
Nos levantamos temprano, y luego de asearnos, tuve que esperar al padre Mario, que juntara unas ropas que había dejado a secar, y como no teníamos nada para desayunar, marchamos enseguida.

La mañana se veía muy bonita, bastante fresca, con el cielo despejado, lo que suponía que febo no tardaría en asomar.
Encaramos la senda que es antigua calzada romana, y pasando la última casa, se termina la cuesta que habíamos iniciado el día anterior. Luego tomamos un poco de asfalto y nuevamente la antigua senda para llegar a Leboreido, entrando por su principal calle descubriendo un muy antiguo pueblo de casas muy sólidas y desembocamos en una pequeña plaza en cuyo centro hay un bonito cruceiro.
Me llama la atención unos grandes canastos en el frente de una iglesia, calculo que será una especie de hórreo.
Allí logramos desayunar en un famoso bar, que no recuerdo su nombre, pero en el que se juntan muchos peregrinos.

Luego se cruza un puente pequeño y que imaginamos muy antiguo y tomamos la senda con bastantes árboles que hacen buena sombra, mientras nuestra charla se torna casi en una discusión, pues Mario pretende llegar de un tirón a Lavacollas, casi 50 kms. para adelantar nuestra llegada a Santiago y yo le digo que eso es imposible, por la cantidad de kms, que tenemos que recorrer, y que además no ganábamos nada, pues llegaríamos muy de noche, y seguramente lesionados.
Cuando escuchó la palabra imposible, no le agradó nada, y casi ofuscado, me dijo, --Eduardo, en la vida no hay nada imposible. Si uno quiere hacer algo, lo logra.-
Pero padre, tenés toda la razón, pero que ganamos con matarnos con semejante caminata, pensá que haríamos, cual es el beneficio, le contesté.
No me dirigió la palabra por un buen rato, además yo también estaba un poco herido por el tono en que me había hablado.
Al final, cambiando de actitud, me confesó que se sentía mal. Pues se había enterado que delante de el, venía caminando un muchacho que el había bautizado en Perú, y del cual era padrino y que por más que lo intentaba, no se podían encontrar. Cuando el llegaba al final de una etapa, el muchacho, recién se había marchado, o había pasado por tal lugar un par de horas antes.
La cuestión es que me pidió disculpas muy tiernamente, las cuales acepte por supuesto, pues no había sido para tanto.
Así que nos propusimos, de mutuo acuerdo, parar en Arzúa, para encarar la última etapa en el Monte do Gozo.

Continuando con el camino, llegamos a un río que cruzamos por un gran puente medieval para pasar por Furelos y seguir en ascenso hasta Melide a la que llegamos en contados minutos.
Le comento a Mario, del pulpo de Pulpería Ezequiel, y entrando por su calle principal, juntos buscamos y preguntamos donde se encuentra, tan afamado lugar. Un par de cuadras nos bastó para darnos cuenta que hoy es domingo, y que nos quedaríamos con las ganas de comerlo. Por lo tanto seguimos hasta el centro y paramos en un bar, con sus mesas en la vereda y pedimos de comer.
Descansamos por un buen rato, pido hielo para mi pierna, que continuaba inflamada, pero que tenía controlada, suponía.
Mientras almorzábamos, un gran mercadillo de ropa se estaba armando en su plaza, y por encima de las veredas.
Una bicigrina alemana, bastante entradita en carnes, paró a saludarnos, pues la habíamos visto en la etapa del día anterior, era muy simpática y según nos dijo, hoy llegaría a Santiago, estaba emocionadísima.

Terminada la merienda, nos dispusimos partir y tomando el casco antiguo, pasamos por su antigua iglesia, a la que entramos a rezar.
Luego continuamos hacia la salida, no sin antes chocar con otro gran mercadillo, pero esta vez atendido en su gran mayoría por gitanos, que se dedicaban a la venta de ropa y calzado. Grandes puestos de mercadería barata y gritando a viva voz ofrecían buen precio, pegado a este enjambre de gente, el mercado local, en donde la gente de campo ofrece sus verduras, fiambres y quesos.
A la salida en una pequeña iglesia muy antigua, quisimos sellar la credencial, pero estaba cerrada, por lo que tomamos nuevamente la vereda peregrina, y entre pequeños campos, nos dirigimos hacia Bonete, del cual nos separaban cerca de 5 kms.

El camino transita en leve ascenso, entre bosques de pinos y eucaliptus, cruzamos un arroyo y llegamos después de una hora de suave caminata, pensamos descansar pero decidimos continuar hasta Castañeda, y entre subidas y bajadas, nuestras piernas comenzaban a flaquear. A los quince minutos pasamos por un bar, que es una tienda de ultramarinos y no lo dudamos, nos sentamos en una mesa y nos pedimos una caña y una coca-cola para el padre. Llevábamos varias horas caminando y decidí cambiarme las medias y masajearme con una pomada mi pierna inflamada. Nos quedamos un buen rato descansando.

Pensando que nos faltan, poco más de una hora, continuamos viaje encarando una gran loma, y chocamos por unos centenares de metros con la carretera N-547, que luego dejamos para internarnos en un bosque que nos lleva hasta la entrada Ribadixo de Baixo, pueblo que en un principio pensábamos quedarnos, pero como era muy temprano, decidimos seguir.
Dos kms. más y entramos al Ayuntamiento de Arzúa, que se encuentra al centro sur de la Pcia. de A Coruña, y pensamos con alegría que nos faltan solamente 37 kms. a Santiago.
La entrada a la ciudad se hace pesada y larga, y desembocamos en una angosta calle en diagonal a la avenida que veníamos circulando, para llegar a las puertas del albergue, junto a otros peregrinos.

Una hospitalera muy amable nos da la bienvenida, sellamos y nos ubicamos en una gran sala. El padre en una cama en solitario, y yo en la parte de debajo de una cucheta, cerca del balcón del primer piso. Dejamos el bordón, y las botas afuera y nos preparamos para un buen baño. Estos están en la planta baja, y son muy limpios y cómodos y cuando ingreso y abro mi estuche de cosméticos, me doy cuenta que ya no tengo ni jabón ni shampoo. Hago mi cola de espera y sobre un rincón del piso observo tirado, un pedacito de jabón, tipo los que dan en los hoteles, inmediatamente lo recojo e ingreso a mi ducha, y ¡oh! sorpresa, encuentro un sobre a medio usar de jabón líquido, estoy teniendo suerte, pienso, o es Santiago que intercede.
Mientras me baño, lavo mis ropas interiores y mis medias, pues lo demás no tengo ganas, y además en las lavadoras había mucha cola, eso me sirvió de excusa.

Luego, nos juntamos nuevamente con el padre, y le comento:
Mario, tengo ganas de comer pizza, que te parece??
No hay problemas Eduardo, vamos donde tu quieras, contestó, y salimos en busca de algún lugar. A las pocas cuadras, encontramos un buen bar en donde exhibían gran cantidad de variedades de pizza, y entramos.
Fue una de las mejores comidas que hicimos, acompañada por supuesto con buena cerveza.
Luego nos dedicamos a hacer algunas compras y de paso recorrer un poco la ciudad. Esta es muy hermosa y con una plaza muy bonita y en ese momento llena de familias disfrutando del día, y gente en las terrazas de los bares en amena charla.
Una extraña fuente en un rincón de la plaza, me llama la atención, y son dos niños jugando con dos terneros, realizada en piedra, y bañada por varios picos de agua. Muy rara pero hermosa. No se a que o a quien estaba dedicada.
La tarde muy soleada se hizo larga, caminamos pausadamente mirando vidrieras y tomando un café de tanto en tanto, nos sentábamos en algún banco y continuamos la charla.
Supusimos que sería algún feriado del pueblo a alguna fecha santa, pues estaba todo cerrado, hasta que por fin dimos con una especie de kiosco, muy completo en donde adquirimos un poco de fruta, chocolates, jabón y otras yerbas.

De vuelta al albergue nos sentamos en el umbral de la puerta a esperar la hora de la cena, en compañía de unos peregrinos catalanes muy alegres, entre los cuales se encontraba uno que le faltaba la uña del dedo gordo, y parece que caminaba con una zapatilla con la punta cortada. De los otros dos, uno me dijo:
Oye argentino, tú estás durmiendo al lado de este buen señor, no es cierto??
Si, creo haberlo visto cambiarse al lado de mi cama, le contesté.
Pues te prevengo y te aconsejo, que te quedes a dormir acá en el umbral, pues con los ronquidos que mete, no duerme nadie, y comenzaron a reírse los tres.
A mi mucha gracia no me dio, al contrario.

Llegada la hora de la cena, cerca de las 8 de la noche, nos fuimos hasta la plaza, y en un buen bar, cenamos en compañía de varios peregrinos, y charlamos de mesa en mesa.
El padre Mario estaba un poco apurado, pues tenía que presidir la misa de las 9 de la noche, y juntos nos dirigimos hasta la iglesia, que es muy bonita, y participé de una agradable ceremonia.
Al término nos dirigimos al albergue y mientras caminábamos en una noche estrellada, coincidimos en salir bien temprano.
En la sala ya a oscuras, había bastante gente descansando, así que tratando de no hacer ruido, preparamos algunas cosas para el día de siguiente, y nos acostamos.


MIS 10000 KMS. A SANTIAGO (final)




Arzúa - Lavacolla


Lunes 15 de mayo

Tal cual como me lo habían anticipado los catalanes, no pude pegar un ojo en toda la noche. Ese tipo era una aplanadora, era un elefante en celo, era King Kong gritando arriba del Center Empire, era un hijo de ##### roncando, la cuestión que nos pasamos toda la noche gritándole que se callara, y es por eso que siendo las 5 de la mañana, ya estoy abajo, lavadito y cambiadito, y esperando que a las 5,50 la señora del bar nos prometió que abriría para preparar los desayunos.
Todavía oscuro, y con la panza llena, nos encaminamos a la salida del pueblo, y en seguida una angosta senda cubierta de árboles en medio de una todavía noche, a tal punto que tuvimos que usar mi linterna, no le pregunté, pero estaba seguro que Mario no llevaba., y estábamos en busca de la primera flecha que nos guiara hasta nuestro fin de la etapa.
La pierna a esa hora de la mañana, estaba perfecta, con los cuidados que le hago cuando termino de caminar, hacen que aguante por lo menos, 3 ó 4 horas, luego comienza a dolerme, esperaba que hoy el dolor calmara un poco más.

Entre subidas y bajadas pronto llegamos a As Barrosas, después de cruzar un arroyo y el sol recién se le da por salir, a contados minutos estamos sobre la ruta N-547 que dejamos luego de andar poco trecho y la senda se mete por unos bosques hermosos de eucaliptus jóvenes, que nos lleva a pasar por varios pueblos pequeños.
Entramos luego en Ferreiros, para llegar a Boavista en donde hacemos un pequeño descanso en sentados en entre medio de eucaliptos y observamos cultivos de árboles frutales.
Nos comemos la fruta comprada el día anterior, y la charla discurre amena entre Mar del Plata e Irlanda, origen de la familia de Mario, pasando también por las disputas, celos y rencillas que se originan entre sacerdotes a la hora de ascensos eclesiásticos y como le costó a el llegar hasta Perú a su misión con los indios.
Estos indios, me comentaba Mario, son de una tribu de labradores, y son gente muy tierna y sensible, a tal punto que en una oportunidad un indio muy alto y de gran físico, que impactaba al observarlo, Mario lo encontró llorando, entonces le preguntó por que lo hacía, que le había pasado, y el indio le respondió, que un niño le había sacado la lengua, no daba crédito a lo que me estaba contando.
Además son muy supersticiosos, y por ejemplo cuando la mujer se encuentra embarazada y a punto de parir, es el hombre que comienza con los gritos de dolor y se revuelca en el suelo, tratando de despistar y distraer al diablo, y hacerlo pensar que el, es el parturiento, para dejarla a la esposa tener familia, pues dicen que el demonio se lleva a los recién nacidos.
Yo me quedaba embelezado escuchando sus andanzas y cuentos.

Continuamos el camino, y en Salceda este se une nuevamente a la autopista en donde encontramos un monumento a un peregrino fallecido que se llamaba Guillermo Watt cuya lápida decía "Abrazó a Dios a los 81 años, a una jornada de Santiago".
Luego siguen Ras, Xen, Brea y Rabiña, uno detrás de otro, pequeños caseríos típicos de Galicia en donde no faltan los hórreos y el cementerio a la vista, o con los nichos sobre la misma calle.
Luego llegamos a Santa Irene, en donde hicimos otro descanso, sellamos la credencial en el albergue y nos tomamos un buen café con leche, con un sándwich de jamón y queso, que era exquisito y continuamos hacia Arca, que recorremos como siempre por un eucaliptal.
En Amenal la senda comienza a tener una subida impresionante, y entre corredoiras de casi 3 kms. el final parece interminable, hacemos constantes paradas y el bordón en estos casos, es amigo inigualable.

Llegamos por fin a la cima, agobiados y con la lengua afuera, y nos sorprende el aeropuerto que prácticamente rodeamos por su cabecera de balizas señalizadoras, para llegar a Lavacolla, entramos en un supermercado a preguntar en donde queda el albergue, y nos dicen que en este pueblo no hay albergue, solo un hostal. Saqué una lata de cerveza de la heladera, y seguimos camino. A esa altura del día tenía mi pierna bastante inflamada y la última subida contribuyó a eso, pues en un momento, pisé una piedra y me pegué una torcedura de aquellas.
Sin saber que decisión tomar continuamos caminando rumbo a Santiago, y en un sendero de asfalto que pasa entre las casas, divisé una casa rural muy bonita en donde daban alojamiento.

Padre que tal si pregunto cuanto cuesta ??
Mmmm por la apariencia, debe ser cara, contestó
Si eso parece, pero yo entro igual.
Te acompaño dijo.

Buenas tardes dijo el padre a un muchacho que atendía esa hermosura de vivienda.
Buenas tardes, contestó el chico.
Soy un cura franciscano y este es mi amigo Eduardo, señalándome y queremos saber cuanto nos cobra una habitación para dos, pues somos peregrinos cansados y sin dinero, exclamó el cura.
Pues la habitación para dos, cuesta 40 euros, dijo el muchacho.
No imposible hijo, ten en cuanta que no tenemos dinero y estamos muy cansados, por favor has una rebaja.
El muchacho, consultando con otro señor dijo nuevamente, bueno le cobraremos 30.
Que te parece Eduardo
Pues Mario, son 15 euros cada uno, me parece razonable, le contesté.
Mientras nos daban la habitación, el padre me dijo,
Eduardo, ves la ventaja que tiene ser cura
Cual le dije, ignorando la respuesta.
Que puedes pedir limosna sin que te de vergüenza.
Es verdad dije, y reímos los dos.
Por otro lado, adiós voto de castidad, cuando llegue a Santiago tendré que confesarme, pero bien merecido que lo tenemos, Eduardo, exclamó.

La habitación era estupenda, dos camitas con somier, lo que garantizaba descanso seguro, un baño de película, televisión y sillones en un pequeño salón contiguo. Era perfecto.
Cada uno a su turno nos bañamos y lavamos las prendas, que por el trajín y el calor del día, ya no aguantaban más.
Luego nos pusimos a descansar en unos sillones que había en el amplio jardín y tomando un poco de sol, que ya comenzaba a bajar.
Como no habíamos probado bocado desde hacía rato, nos propusimos comernos un jamoncito y un vino. El dueño del lugar, muy amable y conversador nos atendió y nos invitó, pues no nos quiso cobrar, a un verdadero banquete de jamones, chorizos, quesos y abrió una botella de vino tinto Ribeiro que francamente resultó sabrosísimo.
Sería eso también otro de los beneficios de ser cura?? dije para mis adentros.

A medida que caía la tarde, fueron llegando varios peregrinos más, que veíamos pues estábamos charlando en el jardín, y nos preguntaban que tal era el lugar y cuanto cobraban. Muchos siguieron, pero un italiano que ya habíamos cruzado se quedó al igual que una parejita de novios jóvenes. Llegada la hora de la cena, invitamos al italiano y entre pastas y vino, nos dispusimos ir a dormir, no sin antes quedar de levantarnos bien temprano, para encarar el pequeño tramo que nos quedaba hasta Santiago.
Tardé bastante en dormir, pensando en mañana.



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Lavacolla - Santiago de Compostela


Martes 16 de mayo

Nos despertamos temprano, luego de un descanso que hacía rato no teníamos,
además ya hacía rato que estaba despierto con unos nervios y una ansiedad que me mataba.
Con todo casi preparado, pensábamos desayunar en el lugar, pero ya cerca de las 7.30 hs. no se hacía presente ningún empleado, por lo que decidimos, junto también al italiano, marchar.

De movida, encaramos una pendiente demoledora y sobre asfalto, pero como vengo descansado el trayecto me parece suave.
Encaramos la banquina de la N547 , y luego de hacer un par de kms. vimos que era muy peligroso, y volvimos a la senda que estaba a no más de 300 mts.
La cantidad de peregrinos a esta altura era cada vez mayor, todos pasaban muy apurados y con cara de felices.

Luego llegamos a San Marcos en menos de una hora, rodeamos los estudios de Televisión Gallega y TVEspañola y continuamos hasta el Monte do Gozo, en donde hicimos una breve parada, para sacar fotos, y ver de qué se trataba semejante monumento.
Lamentablemente un poco de niebla que había, no nos permitía ver las torres de la Catedral.
Continuamos bajando y nos acercamos a la autovía luego de cruzar el puente y a las vías del ferrocarril que va a Coruña, y de allí a una rotonda para hacer la entrada a la ciudad.

En ese momento nos alcanza un peregrino, creo alemán, que no puedo recordar su nombre, pero que hablaba perfectamente español, y juntos vamos andando y charlando. Este peregrino vive en Andalucía y se dedica a la manufactura de vinos, que según tengo entendido muy famosos y caros.
Encontramos un pequeño bar, y decidimos tomarnos el desayuno que teníamos pendiente.
Esta detención me sirvió para poder cambiarme de ropas, que ya tenía pensado hacer, y entrar a Santiago con pantalones y camisa nuevos, como debe ser, por lo que me fui al baño y luego de asearme, en dos minutos estaba listo.
Nos tomamos un café con leche los tres, y con mucho nervio y sin ningún apuro, pues era temprano, encaramos el tramo final, aunque todavía nos falta casi una hora de caminata.

Pasamos por el medio de una plaza en cuyo centro hay un edificio muy moderno y en uno de sus extremos puedo divisar un magnífico monumento con estatuas de en sus cuatro costados, conmemorando creo, a famosos peregrinos de la historia, pero no puedo recordar el nombre de esa obra.
Mientras caminamos por la Avenida de los Concheiros, pasamos el barrio de San Lázaro y disfrutamos de una ciudad muy hermosa y limpia, y quedamos sorprendidos por edificios tan antiguos.
Al llegar al casco viejo, y entrar por esas calles el aspecto de la ciudad cambia casi de golpe, pues me encuentro con un ambiente bullicioso y agradable y Mario se detiene en una viejísima iglesia, pero que lamentablemente tiene sus puertas cerradas.
Vamos ascendiendo y Mario me agarra del brazo, los nervios y la ansiedad es total, y de golpe, con el sol que casi no nos deja ver, vemos las torres a contraluz que se asoman.
Rodeamos la manzana, desconcertado y a la vez sorprendido y sobrecogido, entro en la Plaza del Obradoiro.
No se como ocurrió, pero me encuentro arrodillado y llorando desconsoladamente, francamente no se que imagen habré dado, no la recuerdo, solo se que un grupo de turistas me sacaba fotos, que me dio tanta vergüenza que me puse de pie y nos abrazamos con Mario, fuerte y sostenidamente.

Era temprano, y como había quedado con mi amigo Aldebarán, encontrarnos en la Plaza de las Platerías, cerca del mediodía, para allá fuimos, preguntamos por donde quedaba, y de paso comer algo en alguna terraza de un bar.
Luego nos dirigimos a la Catedral, justamente por esa plaza, pero al no encontrar a mi amigo coruñes, decidimos asistir a la misa del peregrino.
El templo estaba colmado de turistas y peregrinos que eufóricos íbamos y veníamos recorriendo todo el lugar, y encontrándonos con gente que habíamos cruzado alguna vez.
Con todo ese barullo, casi pierdo la noción a que había llegado hasta aquí, y emocionado me dirijo a abrazar al Apóstol, subo esas angosta escalera a medio alumbrar y en ese apretón que le di, le dejé todos los encargues que le traía, sobre todo, uno que le dije al oído, y además la recuperación de Vane, y el bienestar de nuestra familia y de los amigos, y le di las gracias por haber podido llegar bien al final de mi camino.
Emocionado bajé a la cripta donde descansas sus restos, y me arrodillé un par de minutos a rezarle.
Con mi mochila a cuestas, caminé por sus amplias alas, recorriendo y mirando sus paredes y sus esculturas. Grata sorpresa, me encuentro primero don José Antonio, el peregrino Vasco, de San Sebastián, y luego arrodillado y rezando lo ubico al azafato, que al verme me saludó muy contento.
Luego me dirijo a los bancos de la nave central y espero a que comience la misa, y los que llegaban apurados, se ubicaban donde podían.
La ceremonia resultó muy sobrecogedora y con muchos pasajes de gran emoción, y hubo momentos en que nos mirábamos y veíamos como se nos caían las lágrimas, creo que no hubo peregrino que no sintió semejante sensación.

En el altar una decena de sacerdotes y creo que un obispo dirige la misa, y comienzan a nombrar la procedencia de los peregrinos que han llegado a Santiago.
Comenzó a cantar un hermoso coro, y la catedral parecía que vibraba por la cantidad de voces que se escuchaban y entre las que se destacaba la de una monja, que me quedé absorto escuchándola, a un costado del atrio mayor. Cuando termina de cantar, pasa delante mío, y le digo,
Hermana, la felicito, tiene Ud. una voz fenomenal.
Gracias hijo, pero no soy sola, somos muchas cantando, contestó
Hermana, su voz se destacaba del resto, asentí
Tu acento es argentino, no es así? comentó
Si hermana, soy de Mar del Plata, conoce Ud.?
Soy argentina, y estoy radicada en Santiago, concluyó
Sorprendido por tal casualidad, nos despedimos.
Cuando termino de hablar con la monja, y al darme vuelta para seguir con mí recorrida, vienen a mi encuentro Menchu y Ramón y fue tan grande la sorpresa que casi me quedo sin palabras.
Nos abrazamos fuertemente soltando lágrimas por doquier, y nos separamos y nos volvíamos a abrazar con Menchu, que momento tan genial.

Y siempre me sucede lo mismo, cuando conozco a alguien en persona, luego de haber entablado amistad vía internet, la imagen que veía de estos amigos no encajaba con lo que me había imaginado, eran por supuestos mucho más jóvenes, apuestos y gentiles, y estaba encantado que me hubieran venido a recibir.
Presenté a Mario y nos sacamos varias fotos para inmortalizar el momento, antes que Ramón pagara su deuda de llevarme al Gato Negro, lugar que marchamos y en donde degustamos unas almejas extraordinarias con un vino blanco de la casa.
Le hice entrega de un presente, que había llevado de ex profeso desde Mar del Plata.
Pues Eduardo, tenemos que ir a almorzar me dijo.
Vamos asentí, a donde quieras.
Y luego de recorrer un poco la ciudad y de mostrarme algunos monumentos, llegamos al Restaurante Reina Lupa, lugar muy agradable, cuyo dueño, Manuel Martinez Souto, muy gentil y muy gallego, nos dio la bienvenida.
Debo confesar que he probado el mejor bacalao que he comido en mi vida, en una mesa súper bien puesta, y regado por un tinto, que no me pregunten de donde era, solo se que estaba exquisito.

La charla con mis amigos fue de lo mejor, muy amena y distendida, contando un poco mi camino, y escuchando así transcurrió toda la comida.
Me hubiera gustado tener más tiempo. Me quedé con ganas de hablar y escuchar más. Me recargo de energía este encuentro.
Menchu resultó ser una mujer muy dulce, con una mirada muy franca y de una sonrisa espontánea y además su rostro irradia alegría y con un acento español que a los argentinos nos agrada escuchar.
De Ramón ahora que tengo que decir.
Un tipo fenomenal, de un gran corazón, dispuesto a ayudar a cualquiera, disponible para lo que sea, feo, pero en buen estado, el hombre que toda mujer ansía.

Luego del almuerzo, mis amigos me acercaron a la estación de micros, pues concluida mi visita a Santiago, tenía que viajar a Vigo.
Al llegar, nos encontramos nuevamente con el padre Mario, y luego de tomar unos cafés, esperamos la hora de la partida.
La despedida, como siempre dolorosa, no pudo ser más completa, y acuñamos nuestra amistad con Menchu y Ramón, prometiéndonos mantener comunicación, y alguna vez caminar juntos, en pareja, cosa que pacté.
Con el padre Mario el abrazo fue tremendo, emocionado y mis lágrimas otra vez rodaron, no sabía si lo volvería a ver, solo se que lo recordaría por siempre, fue un compañero perfecto.



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Resumen


Sábado 16 de setiembre de 2006

Hacer un resumen de esta experiencia es un poco difícil, pues quien lo ha hecho me comprenderá y quien no ha caminado a Santiago, estoy seguro que no entenderá. Sobre todo en mi país, que poco se conoce del Camino de Santiago.
Pero yo iba preparado, y mis amigos me habían adelantado que aunque lo comiences solo, siempre tendrás gente y amigos a tu lado, y así fue.

El encuentro con Paul, el primer peregrino dinamarqués que encontré, fue extraño.
El encuentro con el azafato francés, fue distinto.
El encuentro con Duracell, fue sorpresa y colmó los límites.
El caminar junto a Carlos Gradin, fue muy agradable.
El encuentro con el padre Mario Brown, fue una experiencia y una vivencia inolvidable y la entrada a la Plaza del Obradoiro junto a Mario, fue algo brutal.
Y la frutilla del postre la pusieron Menchu y Ramón.

No vienen a mi mente haber tenido recuerdos para olvidar, si momentos duros como la llanura de Burgos, la soledad con mis pensamientos o la subida hasta el Alto do Poio, con mi pierna a la rastra, pero hoy cuando lo pienso, pasan a ser cosas buenas.

Hoy a varios meses de esta experiencia, siento emoción al recordarlo, siento que algo profundo produjo, e intuyo que una parte de mi quedó en el camino, y que pronto volveré a buscarla.

Eduardo... el transoceánico
skook@skook.com.ar




Polvo, barro, sol y lluvia
es Camino de Santiago.
Millares de peregrinos
y más de un millar de años.

Peregrino, ¿Quién te llama?
¿Qué fuerza oculta te atrae?

Ni el campo de las estrellas,
ni las grandes catedrales.
No es la brava Navarra,
ni el vino de los riojanos,
ni los mariscos gallegos,
ni los campos castellanos.

Peregrino, ¿Quién te llama?
¿Qué fuerza oculta te atrae?

Ni las gentes del camino,
ni las costumbres rurales.
No es la historia y la cultura
ni el gallo de La Calzada
ni el palacio de Gaudí
ni el castillo de Ponferrada.

Todo lo veo al pasar
y es un gozo verlo todo,
más la voz que a mí me llama
la siento mucho más hondo.
La fuerza que a mí me empuja,
la fuerza que a mí me atrae
no sé explicarla ni yo.
¡Sólo el de Arriba lo sabe!




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MI VIAJE AL CAMINO

MIS 10000 KMS. A SANTIAGO
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